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miércoles 18 de junio de 2008, 15:31:48
MORDEDURA Y VÍBORAS IBÉRICAS - HERPETOFAUNA II -
Tipo de Entrada: ARTICULO | 1 Comentarios

 

Sirva, a grandes rasgos, el artículo anterior de la víbora aspid como patrón biológico. Y aclarar la inclusión de la víbora europea ( no está ubicada en la Península Ibérica ), como ficha informativa, para los compañeros que pudieran disfrutar del resto de las montañas de Europa.

 

         VÍBORA EUROPEA -  Vípera berus -

         Es una especie que no habita dentro de la Península Ibérica. La confusión viene dada por la denominación antigua - naturalista francés Lataste, año 1879 - de la víbora cantábrica ( actual, V. seoanei ) llamada Vipera berus seoanei, que obtuvo rango de subespecie e independencia taxonómica en 1976.

Es la víbora que más soporta el frío, circunstancia que le ha permitido colonizar Europa, en zonas de turbera y tan septentrionales como el Círculo Polar Ártico ( paralelo 67 . Norte de Escandinavia), o las frías tierras siberianas ; desde el nivel del mar ( llanuras francesas e italianas ), hasta la alta montaña ( Alpes, en cota 3000 m ). De tamaño superior en cotas bajas ( en llanura pueden llegar a medir el doble que en montaña ), raramente supera  70 cm, menor en 10 cm el macho. De colores muy variados: crema, amarillo, castaño, verde; aunque, usualmente, presenta librea grisácea, marcada por una línea oscura en zigzag. En  la hembra destaca bastante menos el dibujo ( matiz amarillento oscuro ) sobre tonos rojizos y, en menor medida, dorados. Hocico plano; iris rojizo, con dos hileras de escamas entre éste y la boca. De ambiente más crepuscular y nocturno que sus primas, al tolerar mejor el descenso térmico. Excelente nadadora. Latencia invernal de últimos de octubre a marzo ( en latitudes muy septentrionales se han localizado " bolas de serpientes " de más de 500 individuos ). Celo en abril / mayo; y partos a últimos de agosto / principios de octubre, con camadas de 4 / 15 viboreznos ( raramente llegan a 8 en montaña ); ± 18 cm y peso 4 g; independientes. Madurez sexual 4 / 5 años.

 

VÍBORAS IBÉRICAS

 

VIBORA CANTÁBRICA  o  DE   SEOANE  - Vipera seoanei - kantabriar sugegorria, víbora gallega, vipère de Séoane.

 

Catalogada hasta 1976, como una subespecie de V. berus o europea; recibe tal nombre en honor del naturalista gallego Víctor López  Seoane. Hoy se considera especie endémica de la Cornisa Cantábrica con dos subespecies: V. seoanei seoanei ( pocas escamas ventrales, 137; librea de color castaño en ambos sexos , con ejemplares albinos; localizable en altitudes bajas - praderas, claros de bosques, monte bajo ...-,  raramente superiores a 700 m ) y V. seoanei cantábrica ( más montaraz, 700 / 1.900 m , en bosques caducifolios, turberas y matorrales, desde el este montañoso de Galicia, norte de León y SO asturiano, hasta la Cantabria Occidental, geográficamente es víbora  de interior. Mayor número de escamas ventrales, 143 en hembras; con librea gris, en machos, y castaña en las hembras; presente con bastantes ejemplares melánicos, sobre todo, en montaña . Comparativamente: veneno más potente - si bien su toxicidad es de las menores de las víboras ibéricas -, dibujo dorsal más ancho y escamas cefálicas más fraccionadas ). Ubicada  desde Galicia y norte de Portugal, oeste de Zamora,  toda la franja cantábrica - por el sur: norte de León, Palencia, Burgos, Álava -, hasta el SO francés - Lapurdi y Baja Navarra - y NO de Navarra donde la climatología atlántica - temperaturas suaves de inviernos templados con veranos cortos y húmedos - limita la presencia de otras especies. De hocico redondeado ( respingón en V. aspid y muy prominente en V. latastei u hocicuda ); su longitud es la menor de todas ,  ± 40 cm. Pupila elíptica en iris dorado y librea en tonos pardos rojizos y, generalmente, castaño grisáceo; dibujos dorsales con manchas oscuras ladeadas en la línea media, que se unen en la zona posterior para encadenarse en zigzag. De las especies ibéricas, es la que más gusta de hábitat  con protección vegetal. Latencia invernal desde mediados de octubre hasta mediados de marzo; celo de abril a junio y madurez sexual de 3 años, en machos, y 5 años en hembras. Ovovivípara con partos de poca camada, 3 / 9 viboreznos, si bien su ciclo reproductivo puede ser anual, en función de climatología benigna. Poco longeva, 10 / 15 años y con mucha mortandad ( numerosos depredadores  y destrucción de hábitat - fuego, pistas, construcción, intensificación agraria ... - ).

 

VIBORA HOCICUDA - Vipera latastei -  víbora fociñuda, escurçó, sacre,

 

Nombre en honor del naturalista francés Lataste. Endemismo ibérico y norteafricano que tiene su límite septentrional en la franja norteña, al perder su climatología mediterránea (  límite Orense donde se han avistado ejemplares de V. latastei y en el Prepirineo más cálido y seco, desde la muga navarroaragonesa hasta Gerona, con poblaciones muy escasas ); ubicada en el Sur de Galicia y de las cordilleras Cantábrica y Pirenaica; para llegar por el sur a ambientes semiáridos del Magreb ; desde el nivel del mar, a pie de duna, hasta matorrales de montaña, no superiores a la cota 1.300 m ( excepción en Sierra Nevada que alcanza cotas cercanas a  2.800 m, y 2.000 m en la zona del Rif ); pero siempre en terreno con defensas donde refugiarse. De tamaño mediano 50 / 75 cm, el macho mayor que la hembra; fácilmente distinguible por su cuernecillo nasal de 5 escamas y 3 hileras  de ojo a boca. Pupila vertical en iris dorado. Librea  gris y, en menor porcentaje, parda, amarillenta, rojiza e incluso melánica ; con escamas muy carenadas ordenadas en 21 filas y dibujo dorsal de forma romboide en zigzag, coloreado en gris oscuro o, minoritariamente, en pardo, siempre con bordes en negro; vientre grisáceo a negruzco y punta de cola, amarillenta o negra. Los machos presentan una coloración más oscura y contrastada que las hembras. Dos escamas prenatales. Latencia invernal de octubre / noviembre hasta marzo, con periodos intermedios de actividad más abundantes que las otras especies ibéricas. Ciclo reproductivo en primavera y otro menor en otoño; con una madurez sexual de 4 años, en machos y 5 años en hembras; longevidad entre 9 / 14 años. Ovovivípara con partos bianuales ( ocasionalmente anuales ) desde la última quincena de agosto hasta octubre, con camadas de 8 / 10 viboreznos. Diurna, pero de costumbres más crepusculares que sus primas, puede trepar a matorrales y arbustos ( sobre todo en verano, para huir del calor estival ), donde una hipotética mordedura puede localizarse en zonas más vitales, si bien la toxicidad de su veneno es la menor de las especies ibéricas. Aunque goza del mayor hábitat peninsular, su población disminuye alarmantemente a causa de la acción destructiva del hombre; catalogación de " casi amenazada ", con poblaciones muy reducidas en Portugal, donde, a parte de las causas generales, es cazada como amuleto para la venta. Existen dos subespecies: V. latestei gaditana, presente en el sudoeste español, norte africano y centro - sur portugués; 135 / 147 escamas ventrales; es la más pequeña. Y V. latastei latastei, resto de  extensión geográfica; 122 / 138 escamas ventrales, siendo las cefálicas muy fragmentadas.

 

   MORDEDURA

 

        Quizá sea el hecho que, como montañeros, más nos preocupe en relación con las víboras. Las mordeduras son poco frecuentes ( entre abril y octubre, máximo en la canícula, julio y agosto ) y, en función del lugar geográfico de tránsito, donde haya poca visibilidad en el momento de pisar, actuaremos con mayor cautela (V. seoanei o cantábrica: sotobosque, helechales, praderas y brezales; V. aspis:  prados y tasca alpinos, canchales, oquedades y roca en general; V. latastei u hocicuda:  matorral - ¡ ojo, trepa para evitar la radiación calórica del suelo, y su mordedura puede alcanzar partes vitales o más cercanas al corazón, si bien su acción venenosa es pequeña ! y zona vegetativa cerrada en general ). Botas de caña alta; el bastón es una extensión  nuestra que tantea el suelo ( a modo de un invidente ), siempre por " delante ", para cualquier acción ( el radio de ataque de la víbora es inferior a 20 cm ); y patear - ¿ os acordáis de que  sienten las vibraciones del suelo ?- para que se aperciba y huya ( es lo habitual; ni persigue ni acecha al hombre, únicamente atacaría en el caso de ser pisada, tocada o agredida ). Si en el grupo viniera alguna persona de mayor riesgo ( niños, ancianos o personas debilitadas ) irían detrás o en el medio, mejor protegidos. No descansar en zonas propensas a ubicar víboras y, en el caso de hacerlo, no dejar la ropa o la mochila abierta en el suelo. Siempre el sentido común, junto al bastón por delante; con todas estas precauciones lograremos evitar, en gran medida, un encuentro infortunado con ellas.

Imaginemos que lo hay y hemos sido mordidos ...  Tendríamos que observar la zona de piel agredida y ver si hubiera dos ( o una, pues la mordida puede ser de lado, en la cual sólo penetra un colmillo ) agujeros , 2 mm, que distan más de 6 mm entre sí, junto a otras menores, muy juntas ( que a veces no son perceptibles ). O se trata de pequeñas señales dentales en forma de herradura que son de culebra, nunca de víbora ( Natrix maura o culebra viperina, imita a ésta, si bien es inocua e inquilina de charcas y ríos, en cotas inferiores a 1400 m; junto a otras dos especies: Macroprotodon cucullatus o culebra de cogulla y Malpolon monspessulanus o culebra bastarda que poseen los dientes venenosos en la parte posterior de la boca - opistoglifas - y apenas tienen capacidad inoculadora para el hombre; ambas de ambiente seco y soleado de clima mediterráneo ). Personalmente no soy partidario de la captura - ¡ de matarla ... ya, ni hablamos !- pues implica un estrés innecesario para ambas partes ( si lo realiza el accidentado es la peor medida que ejecuta - aceleración del sistema circulatorio ... - y, si es un compañero, acomete un riesgo evitable; además de portar una bomba de relojería, propensa a accidentes ) y la identificación de la especie por hábitat y lugar geográfico es fácil, un poco más dificultoso en el caso de " fronteras naturales ".

 Creamos que es una mordedura de víbora ( las europeas son las de menor toxicidad y, dentro de las ibéricas, la víbora aspid la más tóxica, seguida de V. seoanei y, menos tóxica, V. latastei u hocicuda; afortunadamente, esta última es la responsable de la mayoría de accidentes, seguida de la V. aspis y , por último, V. seoanei). De un 30% hasta un 50% de las mordeduras son sin inoculación venenosa, llamadas mordeduras en seco ( estrategia  intimidatoria que, como el siseo - primera reacción defensiva - ejecuta ante un oponente grande, para reservarse de cara a una presa " digerible" ). La primera actuación es tranquilizar y sentar al herido, que no realice ninguna actividad; e intentar evacuarlo ( llamada a Urgencias 112, desplazarse un compañero para buscar transporte ...; lo que el sentido común y el lugar nos indiquen ). El veneno de las víboras ibéricas es de tipo hemotóxico, que son de acción más lenta , con lo cual hay un periodo de ± 6 horas anterior a un posible agravamiento. Simultáneamente, ocuparse del herido; dejar la herida visible, sin ningún objeto cercano que pudiera oprimir ( hinchazón ); inmovilizar el miembro afectado y bajarlo con relación al nivel del corazón. Lavar la herida ( agua, jabón y agua oxigenada; no es aconsejable desinfectantes que pudieran teñir o irritar más la zona, de tipo yodado ). Sentirá dolor intenso, sobre todo en la zona inoculada; aparición de cardenales. Efectuar un torniquete sería peligroso, ya que implica más riesgos que beneficios; no sólo por cómo realizarlo ( ocluir los flujos linfáticos y venosos sin detener el arterial ), sino que, una vez retirado, el veneno junto a los productos tóxicos derivados de la acción en los tejidos, súbitamente irrumpen en el torrente sanguíneo y pueden provocar un colapso. Las pequeñas hemorragias se extienden. Edema; zona muy amoratada que da sensación gangrenosa. Puede ingerir agua ( de hecho, sentirá gran sed ) y analgésicos - paracetamol -, nada de alcohol ni aspirina ( respectivamente, excitante - vasodilatador  y  contiene salicilatos ).Ya en una segunda fase: sufrirá náuseas con vómitos, dolores abdominales, diarrea, debilidad general, sed intensa y frío periférico ( a ser posible dar líquidos calientes - no excitantes - y abrigarlo ) hipotensión, taquicardia y alteraciones neurológicas (  dolor de cabeza, mareos e incluso convulsiones ), insuficiencia renal, hemorragias ( puede orinar rojo por hemólisis ), shock  y coma...

Toda esta sintomatología - no apta para hipocondríacos - es general y teórica; más usual en la primera fase y en función de muchos factores: edad, peso y salud del herido; zona de la inoculación ( duplica la gravedad: cabeza, cuello y tronco ); especie y su estado ( V. aspis, la más tóxica con 35 mg como dosis letal mínima); cantidad inoculada ( desde cero mg, correspondiente a una mordida seca - con posibilidad de efectos sugestivos que deriven en síntomas reales -, hasta 50 mg ) y duración temporal entre el accidente y la atención médica... que es " importantísima ".

De hecho es el profesional sanitario quien evaluará la situación:  Grado cero ( sin envenenamiento: mordedura seca. Limpieza y desinfección, ya que la boca de la víbora está muy infectada - tétanos, pseudomonas, salmonellas, streptococcus, etc.); grado I ( envenenamiento leve: dolor y edema circunscrito a la herida. Cura ambulatoria ); grado II ( envenenamiento moderado: edema en proceso de expansión acompañado de náuseas, vómitos, hipotensión. Observación médica durante 24 horas y, excepcionalmente administración del suero ofídico) y grado III ( envenenamiento grave: edema extensible al tronco con alteraciones neurológicas, renales y hematológicas que pueden derivar en un  shock hemorrágico. Suero ofídico y hospitalización. El médico decidirá si es conveniente la administración del suero ofídico; normalmente en mordeduras de grado III o grado II, con sintomatología muy acelerada ( no se administra siempre, ya que existe riesgo de provocar una reacción anafilática - reacción alérgica severa -; y este suero es de dos tipos:  monovalente, o específico para una determinada especie que produce menos reacciones; y polivalente ). Este antídoto se elabora gracias a la colaboración de animales. En primer lugar de las víboras, que donan - con la ayuda de mano humana y creo que sin mucho entusiasmo - dosis de su tóxico líquido, que se inyecta, en pequeñas cantidades, en  cuerpos de caballo ( mayor de 3 años, utilizado por su gran volumen sanguíneo y facilidad de manejo ) o, en caso de alergia a las proteínas de éste, en ovejas. El sistema inmune del animal inyectado actúa a lo largo de los días: produce anticuerpos para neutralizar el veneno, fabrica la antitoxina. Se extrae sangre " inmunizada ", para separar el suero y obtener los anticuerpos ... Ya está el antídoto que puede administrarse en humanos. Usualmente y según criterio del médico, se inocula en el herido una pequeña cantidad para comprobar que no se produce una alergia al mismo y, posteriormente, la dosis necesaria. Las muertes son mínimas, 3 / 5 fallecimientos anuales ( tan sólo por picadura de abejas, fallecen 15 / 20 personas en España ), casi siempre, por falta de asistencia médica y pertenecer al grupo de mayor riesgo ... Un escaso 1 %.

El miedo, los perjuicios, la ignorancia ...; forman ponzoñosos colmillos que envenenan la existencia de las víboras ibéricas. No son angelitos de la guarda, pero tampoco demonios. Sí, seres vivos como los humanos; quizás equiparables a nosotros, pues,  unas veces hacen el bien y las menos causan daño. Veneradas y satanizadas, casi siempre incomprendidas ...¡ Dejemos que, libremente, repten su camino !

 

 

 

 


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miércoles 30 de abril de 2008, 11:16:34
LA LIBERTAD DE LAS MONTAÑAS
Tipo de Entrada: CUADERNO | 3 Comentarios

                            LA LIBERTAD DE LAS MONTAÑAS

                                      

El viento trae su voz, suave en el valle y recia en las crestas; musita con  labios incorpóreos, la esencia de su palabra. El arroyo murmura su nombre; quedo como la caída de una gota, grave como el salto de una cascada. La tierra acoge su huella; efímera en la fugaz nieve, firme en la roca.

Es ella..., nómada de los espacios abiertos y señora de todas las cumbres ..., la libertad de las montañas. Amante de noches, bajo el vivac de mil estrellas; luz que guía en las madrugadas hacia la cumbre; compañera de cordada sin cuerdas fijas; beso en el alma, sutil caricia, que eleva mi espíritu a las cimas nunca holladas.

Desde allí, en lo más alto, entre las nubes que rozan tu imagen etérea; observo cómo fauces negras desean devorar tu cuerpo. Descenderé para mellar el hacha que mutila tus manos; fundiré los hierros que laceran tu piel. Derribaré los muros que aprisionan tus frescas aguas, para que fluya tu sangre, hacedora de vida. Quitaré mordazas para que escuchen tu voz alta y nítida; porque no hay vacío que silencie tus palabras, ni abismo que nos separe.

Sé que tan sólo soy un hombre, pero mi corazón late fuego, llama en tu hoguera. Agua, gota errante en un mar de esperanza; aire, soplo de una nueva vida; tierra, polvo y roca, firme lecho a la espera de dos amantes ... Me gusta contemplarte, compartir cada momento y sentir dentro de mí, la libertad de las montañas.

 


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miércoles 2 de abril de 2008, 23:03:57
VÍBORA ASPID - HERPETOFAUNA ALPINA I -
Tipo de Entrada: ARTICULO | 1 Comentarios







VÍBORA ASPID  - Vípera aspis -
Clase : Reptiles.
Orden : Escamosos.
Suborden : Ofidios.
Familia :
Vipéridos.
Género y especie :  Vípera aspis – escurçó, aspis sugegorria, vipère aspic.
Hábitat : Canchales, praderas, claros boscosos ...  Solanas del piso alpino al montano.
Alimentación : Carnívoro.


Originaria de Asia, colonizó Europa a finales del Mioceno, para extenderse por las distintas zonas climáticas. Por el norte, hasta Escocia y Finlandia ( Vípera berus – víbora común o europea ) y por el sur, hasta el Magreb ( víbora hocicuda – V. latastei, la famosa “ bicha” andaluza ). Tras los periodos glaciares posteriores, se produjo su aislamiento en la Península Ibérica; contamos con varias especies y subespecies, donde la víbora aspid, reina, sobre todo en los Pirineos, extendiéndose al Sistema Ibérico Septentrional y a la Cordillera Cantábrica Oriental, hasta un altitud de 2.600 / 2.900 m ( Alpes cotas superiores ); para ser muy escasa en cotas inferiores a 1.000 m . Gusta de los espacios deforestados con querencia al sol ( canchales, pastizales alpinos, claros boscosos ... ) . Su aspecto es el típico de una víbora: cabeza triangular; tamaño, relativamente,  pequeño y engrosado; dibujos dorsales oscuros , en zigzag y cola bruscamente rematada en punta, como el regatón de un piolet. Raramente excede de los 75 cm; con una cabeza triangular, a causa del ensanchamiento de las glándulas venenosas ( modificación  de las glándulas labiales, nuestra saliva ) que comunican con dos colmillos huecos y curvados ( solenoglifos, con otro par en reserva ), cuya acanaladura no termina en la punta, sino en un lateral; son retráctiles, se repliegan en el hueso maxilar. En un ataque, éste gira y se despliegan con todo el potencial ofensivo. Al penetrar los colmillos en la carne, los músculos temporales contraen la glándula venenosa para inyectar el veneno. Éste tiene dos funciones: predigestiva, al actuar como enzimas que ablandan los tejidos, y tóxica, al emponzoñar el torrente sanguíneo. Párpados transparentes, siempre cerrados y soldados, junto a un ojo casi inmóvil ( que da un apariencia de mirada fija, de ahí el falso mito de que hipnotiza a sus presas ). Iris dorado con pupilas verticales y elípticas, adaptadas a la nocturnidad, pero no son reptiles nocturnos, ya que noctambulan si la temperatura lo permite. Característica lengua bífida, que utiliza para olfatear y descubrir el entorno: al plegar la lengua, ésta atrapa moléculas olfativas que pasan a la bóveda del paladar donde se ubica un órgano muy especial, “ Jacobson ”,  formado por pequeñas esferas quimiorreceptivas que analizan las partículas aromáticas. Carecen de cuerdas vocales y de oído externo, medio y tímpano ( son sordas ... La típica escena del encantador de serpientes que logra que bailen, es un movimiento reflejo y defensivo de éstas ante la amenaza de la flauta ... La música no la oyen ). Y su oído interno, muy reducido, sólo percibe sonidos de frecuencia muy baja y las “ vibraciones del suelo ”, que las capta con la mandíbula inferior ( huesos craneanos ). Hocico respingado, formado por cinco escamas, pero sin cuernecillo nasal ( en pequeño, similar al de su prima V. latastei u hocicuda de carácter menos montaraz ). Entre el ojo y el labio presenta 3 hileras de escamas, así como gran número de pequeñas escamas en la cabeza de las que sólo destacan, por su tamaño, las supraoculares. Las escamas ventrales se disponen en una fila que ocupa toda la anchura del vientre, son de forma hexagonal y negruzcas o grisáceas, excepto la garganta y la cola que acostumbran a ser amarillentas, con escama preanal entera ( culebras, dividida ). En el dorso son carenadas ( con cresta mediana longitudinal ) y componen un diseño singular muy característico, con dibujos en zigzag y lunares oscuros a los lados; usualmente, presenta una “ V ” invertida en la cabeza. El color es muy variable: rojizo, grisáceo, verdoso, pardo e incluso amarillento, más oscuro en los machos y presenta melanismo ( ejemplares negros, en contraposición al albinismo ).  Muda ( crecer + liberarse de parásitos )  varias veces, 2 / 5 – en función del sexo y la edad -,deja de alimentarse y se vuelve muy agresiva. Aumenta su presión arterial, que provoca contracciones con la finalidad de desprenderse de la piel vieja; empieza a rozar su cabeza con alguna protuberancia a ras de suelo; tiene un tono opaco – gris azulado – debido a la presencia de linfa y aire. Ojos lechosos, hasta que comienza a “ desenfundarse ” como un calcetín, durante un periodo de hasta 5 horas. Esta piel de queratina, llamada “ camisa ”, de color vidrioso es un calco del original; con las marcas de las escamas, ojos y la estructura completa, de aspecto parecido al papel de celofán. Presenta dimorfismo sexual; el macho es más grande y de tonos más oscuros. La respiración es aérea, a cuenta de dos pulmones: el derecho atrofiado y el izquierdo, muy largo, adherido a la pared dorsal, con una frecuencia respiratoria baja. Son animales de “ sangre fría ” ( ectotermo ® animal que toma la temperatura del exterior ) que en nuestras latitudes buscan las horas de mayor insolación; por lo tanto, la temperatura es un gran condicionante de su actividad ( motivo por el cual, las serpientes son grandes en los Trópicos, donde la temperatura es constante e idónea y pequeñas en Europa, sobre todo, en latitudes septentrionales ).
Al carecer de patas, “ andan sobre sus costillas ” – articuladas por las vértebras: 200 en el caso de las víboras, que son de las especies de menor cuantía y 400 en pitones...; 33 en humanos -; ya que están ligadas a músculos, unidos a las escamas ventrales; éstas se yerguen para insertarse en las irregularidades del terreno y progresar, escama a escama; que, junto a su cuerpo alargado y el aumento de vértebras que lo articulan, logran “ reptar ”, más lentas que las culebras.Aunque gusta poco de ambientes húmedos ( mejor tolerados por sus primas: V. berus o europea y V. seoane o cantábrica ) puede nadar. También difiere de éstas en sus apetencias  culinarias, pues suele hacer ascos a los batracios y, por el contrario, se le desencaja la mandíbula de gusto por un ratón. Gustos a parte, traga - ¡ nunca mejor dicho !- con todo micromamífero al alcance de su perímetro de ataque: ratas, ratones, musarañas y topillos; además de pájaros, lagartijas, lagartos y de postre, algún que otro insecto.  Como agente ecologista de control de plagas no tiene precio ( 65 % de su dieta son roedores ) y en sociedades cerealistas, en los silos comunales han dispuesto de “ bichas ” en nómina, lógicamente, no venenosas.
La técnica de caza es el “ acecho” y, en menor medida, inspeccionar las galerías de micromamíferos. Sorprender al ratoncillo y, sin lucha, morder y soltarlo. Para ello cuenta con un órgano muy especial, “ Jacobson ”. Órgano principalmente olfativo, ubicado en la trasera superior de su boca. La lengua bífida atrapa las partículas ambientales ( de ahí su forma ahorquillada y flexible ) que son procesadas por los detectores sensoriales, dentro de la cavidad del órgano. El olor es identificado, para dar nombre al sujeto: un sabroso ratón. Pasa al ataque: si al reptar no destaca por su rapidez, en las distancias cortas – inferior a 20 cm -  es un rayo, donde su tercio delantero ( cabeza y cuello, en típica forma de “ S ” achaparrada, pues no utiliza el cuerpo, que es muy pesado y le sirve de base de apoyo; razón por la cual si se coge una víbora por la cola - ¡ cosa que no aconsejo ! – apenas tiene capacidad de morder ) se dispara como un resorte, para adelantar la cabeza y abrir las mandíbulas en una apertura cercana a los 180º . Un súbito mordisco inoculará el veneno ( de textura cremosa, amarillento; compuesto por enzimas –  más de 20 diferentes, para realizar la primera función predigestiva; en un 75 % de la composición total del veneno -, proteínas y toxinas ( de efectos hemotóxicos; coagulación de la sangre con rotura de los vasos, hemorragias, parálisis y muerte ). El ratón huirá ( no hay ni retención, ni lucha ) con la dosis inoculada, justa y precisa ( ahorran al máximo la cantidad ). El veneno no sólo mata, sino que “ predigiere ” al facilitar la ingesta- menos rígida – y la digestión, al actuar las enzimas ( las serpientes sin veneno – menos evolucionadas – como la culebra viperina, natrix maura, imitadora en apariencia de la víbora, necesita el doble de tiempo para digerir presas ). Adelantará la glotis ( abertura superior de la laringe que controla la entrada del aire de la tráquea ) gracias a un dispositivo que permite simultanear la respiración con la deglución. La presa es introducida de cabeza, para evitar que se atasquen pelos, patas, plumas o escamas de lacértidos, que a contrapelo dificultarían la ingesta. Desencajará las mandíbulas ( formadas por huesos móviles que no están soldados entre sí; que se abren hasta 3 veces del tamaño de la cabeza,  para volver a su forma inicial con unos bostezos ) y la presa se introducirá en el tubo digestivo, progresivamente, hasta el estómago. La predigestión enzimática iniciada con la inoculación del veneno; la acción mecánica del estómago y unos poderosos jugos gástricos de  pH muy ácido, “ deshacen ”, literalmente, a la presa. Para poder alimentarse y, principalmente, hacer la digestión, necesita una temperatura superior a 15º C y óptima de 25º C ( de ahí la costumbre, después de comer, de sestear encima de una piedra al sol ), temperatura inferior, hasta un mínimo de 10º C, en la V. berus o europea. Si la temperatura bajase bruscamente, la digestión se lentificaría , e incluso detendría; ya que se producirían fermentaciones y regurgitaría la presa para evitar una intoxicación. Sus apetencias alimentarias son pequeñas ( promedio de una vez por semana ), gracias a que no produce calor y, por lo tanto, su tasa metabólica es muy baja; en cierta forma reserva su energía, para captar la del sol. De hecho, a parte de la época de latencia invernal, puede ayunar durante semanas. Sus necesidades hídricas son mínimas, ya que en la digestión recupera líquidos ( uno de los motivos por el cual, los reptiles pueden colonizar hábitat desérticos: V. latastei u hocicuda campea por terrenos semiáridos ), para excretar el ácido úrico como una orina blanca y espesa ( de aspecto lechoso, que ha creado el mito falso de que bebe leche, e incluso busca los pezones de mamíferos, incluidas las mujeres embarazadas ).
El ayuno forzoso se produce en la  “ latencia invernal ”, hacia octubre / noviembre, en otoño, como medida de supervivencia ante las bajas temperaturas. Es una época donde la víbora viaja ( hecho infrecuente, junto a la búsqueda de pareja;  ya que es bastante sedentaria, su territorio es modesto, más amplio en el macho: 300 m2 / 5, 8 km2 ) en busca de una guarida natural ( árbol hueco, madrigueras, restos vegetales, oquedades y hendiduras ) de apenas un par de centímetros, con la profundidad necesaria para evitar la capa de hielo y con porosidad, para evitar inundaciones. Estos lugares están muy solicitados ( retornan al lugar, se cree que guiados por el olor ) y pueden reunir a varios ejemplares, llamados “ bolas o nidos de serpiente ”, e incluso a especies antagónicas ( víbora – rana bermeja – lagarto  ágil ), sin que medie  depredación. Se apelotonan para minimizar la pérdida de calor; deja de secretar veneno – muy caro biológicamente y de ninguna utilidad en esas circunstancias -; no se alimenta – afortunadamente para su compañía de cama -; con latidos y respiración al mínimo. Su gasto metabólico – de por sí pequeño – es mínimo, con una pérdida de peso inferior al 1%, con lo cual no necesita “ almacenar grasa ” ( marmota, oso ). Si la temperatura lo permite, 15º C,  se asolean, con salidas más frecuentes a partir de febrero y terminan la latencia en primavera, marzo; este periodo es más corto en los machos que se esconden más tarde y salen antes, con una diferencia total de hasta un mes menos de invernada.
El final de la latencia invernal marca el inicio de la época reproductora, que consta de dos periodos: en primavera ( abril / mayo ) y otro posterior de menor intensidad en el inicio del otoño. Los machos buscan a las hembras a través del olor, que, a su vez, atrae a otros rivales. Las peleas nupciales son danzas de una belleza salvaje: Los machos luchan, mientras las hembras observan cómo se oponen; uno frente al otro; se alzan, para arquearse en forma de “ S ” ( posición sigmoidea ). Si no hay rendición, se persiguen para enrollarse entre sí, con la finalidad de derribar al oponente, hasta lograr su caída o abandono; nunca se muerden y acostumbra a vencer el más voluminoso – el de más edad -. En la cópula,  el macho palpa a la hembra con exploraciones que buscan la cabeza; acaricia el mentón ( zona más sensitiva  ) y lengüetea el cuello donde detecta unas sustancias lipídicas que elevan la “ química sexual ”; para enroscarse y acercar las cloacas, donde el macho ( dispone de 2 penes, llamados “ hemipenes ” ) efectuará la fecundación interna, que puede durar varias horas ( fisiológicamente no pueden “ desunirse ” inmediatamente, son muy vulnerables ) y se repiten de 3 a 10 veces. La hembra almacena el esperma hasta que se produce la ovulación . Maduran sexualmente a los 4 / 5 años, más precoz el macho.
Las víboras son ovovivíparas, es decir, no ponen los huevos en un nido, sino que los huevos se desarrollan “ dentro de la madre ”, para eclosionar justo antes del nacimiento, por lo que paren viboreznos ya desarrollados. Esto, en un ofidio que depende de la temperatura exterior, es un gran logro para reproducirse en “ cotas frías ” ( V. berus o europea se reproduce en el Círculo Polar Ártico y en turberas ); donde la madre busca siempre la temperatura idónea ( óptimo térmico ) para el desarrollo de los viboreznos ( a ojo de montañero, si viéramos, en las horas centrales del verano, asolearse a una víbora, sería muy probable que fuese una hembra preñada, estado en el cual son muy termófilas ). La gestación dura 3 / 5 meses, desde mitad de agosto hasta la primera quincena de octubre; en función de la temperatura media ( 28 º C ® 3 meses y 26 º C ® 74 días ) que determina la velocidad del desarrollo embrionario. Nacen envueltas en una fina membrana traslúcida que la cría rompe, inmediatamente, al presionarla con la cabeza ( a simple vista, da la sensación de que “ pare ”, dando significado a su etimología: víbora, latín vipera, contracción de vivus – vivo – y parere – parir - ). Los partos no son anuales, sino cada 3 ó 4 años, ya que la hembra necesita recuperar sus reservas de grasa; con camadas de 4 / 18 viboreznos – número en proporción al tamaño de su progenitora -. Copias en miniatura, 17 / 20 cm, de los adultos; un peso de 3,5 / 5 g; y ...¡ con capacidad venenosa ! De hecho, su veneno es más concentrado. Son independientes y se alimentan por su cuenta de  lombrices, insectos y, posteriormente, lagartijas. Está catalogada como “ especie no amenazada ” ( V. latasti u hocicuda en regresión: catalogación, casi amenazada ) con una esperanza de vida de 20 años ( inferior a otras especies, pero superior al resto de las ibéricas ); y una mortandad en los primeros años menor al 50 %. Como curiosidad destacar que, de las subespecies del sur de Europa, 2 son peninsulares: V. aspis aspis ( más común, de mayor tamaño y extendida: Montseny, Pirineos Orientales y Occidentales, País Vasco y norte del Sistema Ibérico ). Y V. aspis zinnikeri ( ubicada en los Pirineos Centrales. Librea en tonos ocres con dibujo dorsal en negro, machos, y castaño en las hembras; hocico más respingón ).
El factor ecológico más importante para las víboras es la temperatura, ya que son animales ectotermos, que no pueden producir su propio calor, como los mamíferos y las aves. Su temperatura interna se rige por la del exterior, con una temperatura idónea de 29º C y extremos críticos soportables que oscilan entre 0º C – congelación de líquidos y deterioro celular;  V. berus o europea mejor adaptada -, hasta los 45º C – cocción celular; V. latasti u hocicuda mejor adaptada -, en el caso de la víbora aspid, no superable con temperatura de 37º C. La actividad en alta montaña está muy limitada a ello, sobre todo las bajas temperaturas repentinas, que “ adormecen y enlentecen ” las respuestas defensivas de la víbora ante sus numerosos enemigos por aire ( córvidos y rapaces ) y tierra ( mustélidos, jabalí, zorro y, en cotas bajas: erizo, gato montés y tejón ); pero es el hombre, con la destrucción del hábitat y sus prejuicios, quien envenena la supervivencia de la víbora. Un agente ecológico de primer orden ( raticida e insecticida natural ) que, hoy por hoy, apenas produce muertes entre los humanos ( el veneno más potente es el de la víbora aspid que precisa de hospitalización en niños, ancianos o adultos enfermos; la muerte por envenenamiento es rarísima, 1 %).
Maldita desde el Génesis al encarnar al mal; y , por el contrario, Gran Hacedora en la mitología de los aborígenes australianos: la serpiente creó a la Tierra, junto a los seres que la habitan, para completarla con la creación del hombre, como ser supremo; ha sido arma de guerra ( Aníbal arrojó ánforas con víboras, para aterrorizar a los marinos romanos, que no las mataban – adoraban a las serpientes – y distraídos, ocupados, en fuga para no ser mordidos ..., perdieron ); arma política para suicidios de disidentes y simboliza una figura fálica a combatir por el puritanismo judeocristiano. El poder divino del faraón, hace 5.000 años, se coronaba con la efigie de la cobra egipcia (  Naja haje, con la cual se suicidó Cleopatra, mal llamada víbora aspid). Shiva, un dios de la Trinidad del hinduismo, es representado con varias serpientes. En la Grecia clásica simbolizaba el poder supremo, el conocimiento, la sabiduría y la longevidad. Atenea, diosa de la sabiduría, se personificada junto a una víbora; de hecho, en parapsicología, dentro de la interpretación onírica clásica, ser mordido por una serpiente, significa: “ sed de conocimientos ”, el mejor sueño para un iniciado. En culturas rurales e incluso clásicas – griegos -, se domesticaban serpientes ( obviamente ni venenosas, ni constrictoras grandes ) como raticida y guardián de cosechas. Aztecas, indios americanos, fenicios y cretenses rindieron culto a sus serpientes locales. Si antiguamente las abuelas aragonesas preparaban un caldo de víbora para curar catarros. Hoy, la medicina usa su veneno como fuente de fármacos, para el tratamiento de enfermedades: cardiopatías, trombosis, parkinson, poliomielitis, hipertensión, epilepsia, botulismo, reumatismo, artritis y “ cáncer ”. Y es esta dualidad: el bien y el temor, lo que confunde a algunos hombres ...  No pertenezcamos a ese tipo de personas que, como justicieros vengativos, ejecutan a unos seres vivos por ser como la Naturaleza los ha diseñado: eficaces controladores ecológicos, supervivientes en un entorno hostil y, en el peor de los casos, a la hora de defenderse, letales en un 1 % de los accidentes.
Cada uno que saque sus propias conclusiones: La mía es respetarla ...; entre otras cosas ¡ porque se lo merece !



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