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miércoles 14 de marzo de 2007, 22:03:48
REBECO - FAUNA ALPINA I
Tipo de Entrada: ARTICULO | 5 Comentarios | 22749 visitas











 



 REBECO /  SARRIO  - Rupicapra  pyrenaica -


Clase :   Mamíferos.
Orden:   Artiodáctilos.
Familia: Bóvidos. Subfamilia: Caprinos.
Género y especie: ( Rupicapra pyrenaica ) gamuza, sarrioa, isard, rebeco, sarrio, robezu, chamois, gemse, camoscio.
Hábitat: animal forestal / prados de montaña de piso subalpino.
Alimentación: Herbívoro ( gramíneas, herbáceas, líquenes, musgos ... ).

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   Originario de Asia, como especie Rupricapra rupicapra, colonizó Europa ( Oeste: Cordillera Cantábrica – subespecie R. pyrenaica parva - hasta el Este: Turquía – R. r.  asiática - ) en la Glaciación de Riss, hace 400.000 años; ubicada ( reductos de la glaciación ) en pequeños grupos aislados que propiciaron muchas subespecies ( 10,  las tres más cercanas: Cordillera Cantábrica, Pirineos y Alpes; con ligeras diferencias de tamaño: Rebeco o robezu - R. p. parva -. Localizado desde Galicia oriental hasta Cantabria occidental. Menor tamaño con pelaje en tonos rojizos y librea invernal de matices gris claro, junto a una cola inconfundible, pardarrojiza. Sarrio o isard - R. p. pyrenaica -. Ubicado desde Navarra nordoriental hasta la Garrotxa. Porte mayor, de pelaje ocráceo en verano y negruzco en invierno; mayor grosor de los cuernos y cola negra). En nuestra geografía peninsular están aisladas dos poblaciones: rebeco cantábrico - R. p. parva - y pirenaico - R. p. pyrenaica -, si bien el hallazgo de fósiles dataron a la especie en lugares tan distantes como Andalucía y Euskal Herria occidental.

     Bóvido emparentado con los antílopes cabra ( visualmente es una mezcla ) de 1,2 m de longitud, 0,8 m de altura hasta la cruz y máximo de 40 kg, medidas inferiores en la hembra. Sin diferencias aparentes ( dimorfismo sexual ) ambos sexos presentan cuernos ganchudos, huecos en la base y macizos hacia la curvatura del pitón puntiagudo; en color castaño oscuro, no superiores a 25 cm, con un anillo córneo de crecimiento anual, medrones ( curiosamente la distancia entre uno y otro chequea su evolución, semejante a los anillos cortados de los árboles ). En la hembra son más delgados, cortos y de gancho más abierto - ¡ Suerte, no es trofeo de caza ... salvo error de escopeteros ! -  y glándulas odoríferas ( tipo almizcle con fuerte olor a cabra que impregan en sitios estratégicos, para el marcaje ), ubicadas bajo los cuernos . Pelaje pardorrojizo/amarillento ( mimetizado) en verano y pardo muy oscuro en invierno ( absorbe mejor los rayos solares ); los machos presentan una pelambrera más tupida y brillante que las hembras y los cabritillos en tonos más oscuros que los adultos ( conforme envejece el ejemplar, se aclara el color ). Anualmente mudan dos veces: de mayo a octubre - pelaje estival -, que, entrado el otoño, es sustituido por un pelo espeso y lanoso de hasta 25 cm de longitud, de tonalidades muy oscuras - pelaje invernal-;  para facilitar la renovación pilosa se restriegan en arbustos y rocas, donde dejarán los mechones viejos ( usados por aves como borra para mullir el nido ); en esta época, su librea presenta numerosas calvas y da una sensación visual enfermiza . Banda negra en el lomo desde la nuca hasta la cola ( cerdas – va con segundas – que los cazadores exhibían en sus sombreros ); zona anal ennegrecida. Mancha blanca en cara y garganta, cruzada por una franja negra. Ojos laterales en ámbar, de iris amarillo claro, con amplia visión tridimensional . Pieza cinegética por su valor salvaje y poco accesible, sobrevive con  un promedio de vida de 15 a 20 años (alta mortalidad en cabritos de primer año y adultos machos ).

     La alimentación, herbívora, difiere en función de la disponibilidad de alimentos: flores, frutos silvestres, musgos, gramíneas, herbáceas y su capricho, regaliza ( Trifolium alpinum ); cuando la mesa escasea , ramonea líquenes, acículas, brotes y cortezas de arbustos ( manadas con densidades altas y en determinados parajes, pueden producir daños ...; hecho que sirve de patente de corso para grupos sectarios ) . Gusta  pastorear en altitudes de 1.500 m  a  2.900 m ( Cordillera Cantábrica, 400 / 2.700 m ) , aunque en invierno baja la cota al límite del bosque, en busca de lugares soleados con poca nieve, donde ramonear líquenes o cortezas y hojas de plantas leñosas. Acostumbra a distanciarse del ganado, pero ante el déficit de sales y minerales propio del régimen alimenticio, suele merodear por saleras y lamer cualquier material que pudiera contenerlos ( a los herbívoros les apasiona la sal, no por el sabor sino por el equilibrio alimenticio que les proporciona; la hierba es baja en sodio y este mineral es básico para su metabolismo - sobre todo en la época de cría; de ahí la querencia imperiosa en su búsqueda, en especial por las hembras - ).
     Otoño es la época de la parada nupcial ( principios de octubre - mediados de diciembre ), los solitarios machos buscan en los rebaños a las hembras receptivas, para formar un harem de 2 a 12 consortes y cohabitar, temporalmente, en manadas mixtas. El macho excitado marca su territorio con las secreciones untuosas de las glándulas odoríferas ( glándulas retrocraneales en forma de ombligo saliente ), localizadas en la base de los cuernos, sobre la superficie de rocas y arbustos hasta delimitarlo. Si éste es invadido por un rival, el primero repasará sus límites, secretará más cantidad, balará repetidamente, orinará delante del intruso – ya muy cabreado - , con el pelo de la grupa inhiesto ( aumenta de tamaño y ferocidad )  y si el rival no huye ( es fácil ver persecuciones entre machos ) lo embestirá de abajo hacia arriba ( los cuernos son garfios afilados que producen heridas de fácil infección ). Apenas se alimenta ( jornadas máximas de pastoreo del 20 %, cuando lo usual es del 60 % ) y queda exhausto, sin reservas energéticas de cara al invierno, la mortalidad es elevada : una más de las razones  por las cuales es difícil ver un macho con años ( psicópatas de la naturaleza y escopeteros lo llaman " trofeo " ).

   

     El ganador, como semental dominante, intenta agrupar al máximo de compañeras; se orina con frecuencia, impregnándose el pelaje con un fuerte olor caprino que indica a su congéneres su gran virilidad. Esta señal olfativa, junto a las secreciones de las glándulas retrocraneales, estimulan la ovulación de las hembras. El rebeco se acerca al grupo de féminas con los  belfos y fosas nasales  muy abiertos, con la finalidad de olerlas y comprobar su fecundidad; excitadísimo eriza las cerdas del lomo y arquea los belfos, para balar sonidos guturales. La hembra orinará para que éste olfatee su estado reproductor. Si fuera receptiva el macho la perseguirá con tenacidad ( con frecuencia se alejan de la manada   en veloces carreras ); ya que la cópula a de ser inminente, puesto que la hembra únicamente dispone de un periodo fértil inferior a las 48 horas. Tras el breve apareamiento, el macho dominante repetirá el cortejo nupcial con otras cabras, para aprovechar los cortos periodos fecundos de las féminas del harem y lograr el premio de la selección natural.

 

         La gestación dura de 150 a 180 días ( mediados de mayo a mediados de junio, ya que contiene el óvulo fecundado para evitar el parto en invierno ), con 1 a 3 cabritos – generalmente uno -  por parto. La hembra se segrega de la manada y busca la tranquilidad de alguna oquedad o del bosque; tras el nacimiento se incorporan al rebaño, en busca de la protección del grupo. El vínculo con la madre es la unión más fuerte dentro del rebaño, si bien se ejercita y relaciona con el resto de la manada; aparición de cuernos al medio año; maman la leche materna ( tan nutritiva que produce el engorde diario de 100 g de peso ) durante 6 meses – aunque antes ingieren alimentos sólidos para adaptar intestinos y estómago al nuevo régimen - hasta el nuevo celo ( es receptiva cuando lo desteta; con una fertilidad hasta los 18 años  ); los chotos añales son expulsados del rebaño matriarcal, mientras las hembras de la misma camada se mantienen como nodrizas y aprendices reproductoras de cara a su madurez sexual. Superado el difícil primer año recibe el nombre de segallo, para convertirse en adulto y maduro sexualmente en dos años y medio, si sobrevive a una  criba letal que puede alcanzar hasta el 50%.

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       Aunque etimológicamente “ rupicapra ” significa, cabra de roca, el rebeco, ancestralmente, fue un animal  forestal ( la presión humana y otras circunstancias provocaron su alejamiento del bosque , en busca de cotas más seguras ) que hoy campea por prados alpinos, neveros y cotas de hasta 3.000 m. de altitud.

 

      Prefiere el frío al calor, que evita a la menor oportunidad ( en verano busca neveros y orientaciones umbrías; por el contrario, en invierno gusta de las vertientes cálidas - hecho que influye en la mortandaz por aludes -. Asimismo confundible con el otro herbívoro alpino: la cabra montés – Capra pyrenaica -, en la Península Ibérica, extinguida en los Pirineos ; y el íbice - Capra ibex -, en los Alpes,  que buscan el calor y huyen del bosque hacia lo más inaccesible del terreno ).  Sociable , vive en manadas ( gregario ) de varios individuos, 2 / 5 de carácter monoparental, hasta grupos de  50 / 100 individuos, comandados por las hembras ( generalmente vieja, madre de muchas otras y con mucha experiencia ) junto a otras hembras, cabritos  de leche y jóvenes subadultos - segallos -; para formar rebaños matriarcales que dispondrán de los mejores territorios y pastos, mientras los grupos de machos se segregan a lugares secundarios.

          Los machos son solitarios y, tan sólo,   se acercan a la manada en las " paradas  nupciales ". Lo normal, a ojo de montañero, es ver a la hembra con los cabritos del primer  año e hijas, o a un único individuo: el macho. En las manadas es usual ver a un centinela - hembra experimentada que, también, actúa de guía - como guardian de rebaño, atento a cualquier anomalía que pudiera afectar al grupo; pues si disfruta de un fino oído y una agudeza visual superior a la humana, es su extraordinario olfato  quien delata al intruso. La química del olor traduce las sensaciones. Al menor incidente, silbaría con un resoplido largo y sordo de alarma, para emprender la huida; si son acorralados patalean el suelo con las patas anteriores y cabecean.

   

            Si no disminuye el pasto suelen campear por territorios fijos: las horas frescas ( amanecer y anochecer )  son sus preferidas para alimentarse y descansar en las centrales ( con calor les encanta sestear ) en lugares protegidos. Realizan pequeñas migraciones estacionales.


     Esbelto, vista de lince, oído de buho y olfato de oso ...; quizá lo más admirable del rebeco sea su gran adaptación al medio, auténtica ingeniería anatómica. Es un atleta nato: su capacidad cardiopulmonar es asombrosa ( en comparación con el ser humano casi triplica la cantidad de hematíes con la mitad de peso ); con una musculatura magra, ligamentos y tendones que le permiten realizar saltos de 2 /4 m de altura y 4 / 7 m de longitud; corre a toda velocidad, pero es capaz de frenar en seco gracias a sus poderosas patas traseras, más largas que las anteriores; salta, brinca, trepa ... es el deportista medalla de oro.

 
     Las negras pezuñas tienen largas pinzas de bordes suaves y móviles, que le permiten  hacer malabares en cualquier minúsculo roquedo; su parte posterior es blanda, se adhiere a la roca como unos auténticos “ pies de gato “; de suela cóncava y cortada por los flancos. En invierno sus “ uñas “ ( durezas en las puntas de las pezuñas, de hecho una pezuña es una uña modificada  ) y espolones traseros ( vestigios de los dedos 2 y 5 ) actúan sobre el hielo a modo de piolet y crampones  que le permiten caminar sobre declives del 60%. Junto a una membrana interdigital que, extendida, usa a modo de raquetas, apenas se hunde, ahorra energía y gana eficacia de marcha ( cruciales en invierno ). 

       


     En los Pirineos estuvo al borde de la extinción pero su adecuada regulación cinegética ( ¿...? Si bien existen reservas de caza, tanto en Pirineos como en la Cordillera Cantábrica; en Navarra se protege desde 1993, con catalogación de especie vulnerable ), junto a un conocimiento y preocupación mayor por sus enfermedades ( brucelosis, sarna, queratoconjuntivitis, pleuroneumonía, pestivirus ...)

 

han normalizado las manadas; con una población en Pirineos de 40.000 / 60.000 ejemplares y 15.000 / 20.000 en la Cordillera Cantábrica. Sin depredadores naturales importantes ( raramente el zorro y el águila real atacan a cabritillos o algún ejemplar enfermo; junto a hipotéticos encuentros con el oso o el lobo) son las duras condiciones  invernales ( por ejemplo: los aludes atrapan a manadas enteras, hecho que aprovechan el quebrantahuesos y otros necrófagos en época de deshielo ), las enfermedades , las balas legales y furtivas , la ignorancia y la desidia son  sus peores enemigos.


     Tenemos la suerte de contemplar a un magnífico animal; uno de los símbolos de la montaña ... ¡ Disfrutad !

   

                                             Mi agradecimiento y admiración a los fotógrafos de la Naturaleza:

Francesc Sesat

 

Nota:    Algunas de las fotografías presentes en esta página fueron tomadas sobre la Web. Si reconocen alguna suya, por favor, díganmelo y pondré el nombre de su autor.


5 Comentarios
Enviado por Gabi el jueves 15 de marzo de 2007

“Muy interesante e instructivo. Gracias por darnos a conocer con esos detalles a un animal tan visto pero no por ello menos bonito. Me encanta sobre todo cuando corren montaña abajo, es impactante!”
Enviado por Foto Y Vida Salvaje el domingo 16 de diciembre de 2012

“Buen artículo. Me gusta la información sobre el rebeco. Gracias por ponerlo en tu blog y es un placer conocer la biología de estos bóvidos. Un saludo.”
Enviado por Lupus el miércoles 16 de enero de 2013

“Gracias a tí por tener la deferencia de leer mi artículo; asi como de tu amable comentario.”
Enviado por Ismael Corral el miércoles 27 de febrero de 2013

“ Soy un enamorado de esta especie y de su caza. Le felicito por tan Excelso y Didáctico articulo , lo ha relatado con total y absoluta literalidad. Lástima de "coletillas". Un saludo.”
Enviado por Lupus el viernes 1 de marzo de 2013

“ A tenor de su comentario, discrepo en dos aseveraciones que usted manifiesta. La primera y más importante: Usted afirma "Soy un enamorado de esta especie y de su caza". Personalmente, no entiendo porqué se desea matar aquello que se ama, máxime por divertimento e, injustamente, privar al resto de la humanidad –presente y futura- de un animal bello y adaptado a un ecosistema tan selectivo y exigente con la vida; amén de truncar la existencia de un hijo de Mater Natura. La segunda discrepancia nace a raíz de la primera. Usted ha escrito: "(…) lo ha relatado con total y absoluta literalidad". En mi artículo, la pasión por la defensa de este animal –y por extensión de todo ser vivo- se percibe en las “coletillas” que usted comenta…”


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