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jueves 18 de octubre de 2007, 16:44:14
CHOVAS - AVIFAUNA ALPINA II -
Tipo de Entrada: ARTICULO | 4 Comentarios | 26894 visitas




  CHOVA PIQUIGUALDA - Pyrrhocorax graculus -    

  CHOVA PIQUIRROJA    - Pyrrhocorax pyrrhocorax -

Clase : Aves.
Orden : Paseriformes.
Familia : Córvidos.
Género y especie : Pyrrhocorax pyrrhocorax y pyrrhocorax graculus;  chova piquirroja y chova piquigualda; belatxinga mokogorri y  belatxinga mokohoria;  gralla de bec vermell y gralla de bec groc; chocard à bec jaune, chough ...
Hábitat :  Espacios abiertos de abruptas paredes.
Alimentación: Omnívoro.

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     Estos latinajos impronunciables, que recuerdan a nombres de personajes de Astérix ; limitan  en África con reductos de antiguas glaciaciones. Cruzan Eurasia de extremo a extremo; para poder avistarlas  desde cualquier sendero marítimo ( piquirroja ), cercano a los acantilados de Iberia o de la Gran Bretaña, cómo si fuesen gaviotas enlutadas. O, por encima del mar de nubes y de los glaciares del Himalaya ,  a 8.000 m en la zona de la muerte; pues son córvidos tibetanos, originarios de la avifauna  himaláyica, que se extendieron para colonizar todo hábitat, bien costero o montañoso, donde el denominador común fuesen los espacios abiertos, poco arbolados y verticales. La Península Ibérica es su gran feudo – en especial para la chova piquirroja, al revés que en los Alpes – donde surfean al viento. Pueden convivir juntas, al ser muy parecidas, aunque unas y otras tienen distintos matices:

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  A/ 
      Chova piquirroja o COMÚN : Como indica su nombre, es más fácil de ver, tanto por su número como por su ubicación ( parajes verticales desde pie de costa ); tiene en la Península Ibérica su gran feudo. Menos gregaria, en especial en la etapa reproductiva. Mayor porte, de longitud 40 cm; envergadura alar 75 / 80 cm y peso de 280 / 360 cm. Librea azabache con reflejos verdiazulados. Pata y pico de color rojo; éste totalmente diferente al resto de los córvidos ( en contraposición al del cuervo, que es enorme, casi del tamaño de la cabeza ), largo, estilizado y en forma de sable descendente ( herramienta perfecta para sus gustos alimentarios ). Alas largas y anchas hasta el cuerpo, con formas rectangulares, terminadas en unos extremos romos, muy digitados; cola corta y de base ancha en la unión al cuerpo. Ligeramente más pequeñas las hembras. Los jóvenes inmaduros, librea negruzca pálida apenas sin reflejos, con pico amarillento o anaranjado. Emite reclamos en vuelo y posada ( perchas que no sean árboles ), con predominio del sonido largo y agudo “ Kiiaaá ”. Aunque más numerosa que su prima piquigualda, tiene el mismo status, “ interés especial / no amenazada ”.


  B/
     Chova piquigualda o ALPINA : Es la montañera y simpática de la familia, más gregaria, con bandas de centenares. Gusta de la altitud donde encuentra vientos fuertes para practicar sus inmensas dotes como equilibrista y acróbata, sin ningún motivo aparente, simplemente como juego ( hecho que abre una ventana apasionante a los etólogos – psicólogos de la sociedad animal- ). Residente en alta montaña durante todo el año, tan sólo baja de cota cuando carece de alimento. Morfológicamente es más pequeña y esbelta: longitud , 38 cm, envergadura alar, 65 / 74 cm; peso de 170 / 330 g; si bien su librea es negra, apenas presenta tornasolados azules y escasos tonos verdes; pico corto, recto y de color amarillo. La cola es larga y de base estrecha en el cuerpo. Alas más cortas y, en conjunto, de formas más redondeadas con los extremos alares más cortos y menos digitados. Sedentaria invernal ( cría en montaña a 1.000 / 2.500 m en Pirineos y 1.600 / 3.900 en Alpes ) forma colonías de cría grandes; los jóvenes inmaduros carecen de lustre azabache, portan tonos apagados a juego con pico y patas negruzcas. Ocasionalmente pueden alimentarse en vuelo. Sus reclamos son muy variados:  Chirrip – chup, scrii, zirii – zich,  krrruuu ( alarma ) para dominar el usual, penetrante y corto, “ Tsiuuup ”. Goza de buena población en Alpes y menor en la Península; donde es más frecuente en Pirineos, decrece en la Cordillera Cantábrica y menor en el resto de los macizos montañosos; si bien su status es de “ interés especial / no amenazada “.


     Las chovas tienen un régimen de alimentación omnívoro ( herencia de su familia córvida ), con tendencia a la predación de invertebrados en general, e insectos en particular: lombrices, gusanos, caracoles, babosas, saltamontes, coleópteros y, su plato favorito, hormigas.

      Ya en menor cantidad aprovechan restos de carroña, con guarnición vegetal de bayas y semillas; o, si se tercia la ocasión, alguna despistada lagartija. Ocasionalmente presentan, como curiosidad, las dos caras de la moneda:  en positivo, son de los pocos animales – y rareza dentro de las aves – que pueden alimentarse de líquenes.

              

       En el lado oscuro - ¡ y no por culpa de ellas ! – complementan la  “ dieta salvaje ” con la “ dieta doméstica ”, hecha de comida “ basura ”;  por desgracia,  propiciada desde el auge del alpinismo, por la dejadez del “ homo cerdus ” ( ¡ Por favor hay que quitarse de la cabeza la falsa idea de que los restos de naranja, bocadillos, etc...; se lo comen “ los bichejos ”..., ni éstos, ni el transcurso de las semanas, meses ...; ni los microorganismos que, a dos mil y pico metros, están de “ vacaciones en lugares menos inhóspitos ” ; es un descrédito para el montañismo y una vergüenza para la mano que lo arroja ! ). Todo este batiburrillo de alimentos son degustados en los ecológicos restaurantes de pastizales alpinos y roquedos; donde  nuestras morenazas hambrientas  usan  sus exclusivos picos con gran maestría: voltean piedras menudas en busca de alguna joya culinaria ( hábito compartido con su prima la grajilla ); o palpan con sus estiletes rojos y amarillos las grietas donde se cobijan incautos invertebrados. Y si algo sobra, se guarda en algún escondite ( costumbre de familia )  para mayor necesidad.

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     Tras la digestión, regurgitarán por la boca, los restos indigeribles de la pitanza , llamados egagrópilas ( en forma de pelotillas; usual en las rapaces y otras aves tan dispares entre sí como mirlo, cigüeña, córvidos, martín pescador o pico picapinos ). Tienen querencia por los espacios libres, amueblados con rocas y vistas a cielo abierto; sin puertas ni ventanas que limiten al viento; con poca vegetación ( facilita la captura de presas ) y, preferentemente, de paso de ganado ( excrementos y reses mantienen una inmensa población de insectos ).
      En primavera las bandadas tienden a disgregarse – en especial las chovas piquirrojas – ante la llamada amatoria del celo. Los cielos alpinos se motean de negro en súbitos y acrobáticos vuelos, uno contra otro,  las parejas retozan, el cortejo forja vínculos que serán para toda la vida.

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      Cavidades naturales, cornisas, simas, farallones o paredes inaccesibles son buenos lugares ( si el lugar es idóneo lo pueden compartir con otros córvidos, generalmente grajillas, pero no se llevan bien con las rapaces, aunque - a la fuerza - tengan que compartir el farallón ), desde el nivel del mar – chova piquirroja-  hasta subir de cota a  ± 2.100m.

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      A mediados de marzo la pareja aporta materiales para construir el nido, siempre ubicado en grietas: pequeños palos, lana, pelos, hierba seca, plumas o musgo; él se encarga de la estructura, en forma de copa, y de alimentarla; ella lo acondicionará, pondrá los detalles ( el nido de sus primas picarazas es una obra de ingeniería inexpugnable, donde el macho acarrea palitroques hasta en cerca de 3.000 viajes ) y llevará el mayor peso.

       Mutuamente se atusarán el plumaje, las partes inaccesibles del otro – cuello y cabeza- ; en mil carantoñas y gestos de complicidad que afirmarán sus vínculos amatorios. La pasional verticalidad de los cantiles, la musicalidad de los graznidos de otros amantes vecinos y la luz enamoradiza de la primavera; extasian al dúo, para culminar en el clímax de las reiteradas cópulas. Tras 1 ó 2 semanas el nido estará terminado y la hembra fecundada. Entre abril y mayo pondrá 3 / 6 huevos, de color blanco verdoso a crema, moteado en pardo grisáceo ( verde y gris > piquigualda ), cada 30 horas.

     El macho cebará a la hembra durante la incubación ( inmediata, con el segundo huevo ) que durará 18 / 21 días. Tras la eclosión, la ceba es común, aunque la hembra, durante las 3 primeras semanas, se centra más en la pollada y el macho en la búsqueda tenaz de alimento, pues las cebas son cada 30 minutos.

      Los pollos son nidícolas ( ocupas de pro ), revestidos en la cabeza, dorso, alas y patas de un plumón pardo grisáceo y boca  rosa – anaranjada ( piquigualda ) y  rojo- rosa con bordes blancos en la otra.

     A los 40 días empiezan los primeros vuelos en la zona de nidada; torpes , que necesitarán de un aprendizaje y alimentación espaciados hasta su total independencia en otoño; con una madurez sexual a los 2 / 3 años y una longevidad de 5 / 10 años.
     Es la etapa más vulnerable para ellas, con poderosos y alados enemigos, como las águilas ( real, perdicera y calzada ) y, ya en tierra, armiños y zorros.


     Gustan de volar porque sí, por el mero hecho de oponer su cuerpo al ímpetu del viento y realizar laboriosas piruetas, ya que son las reinas del aire agitado.

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 A ojo de montañero es un espectáculo de altos vuelos ver cómo realizan aéreas acrobacias: El carrusel, de ascensos desordenados y sin dirección concreta; con planeos en espiral, alas completamente extendidas  con las puntas de las rémiges hacia arriba.

      Los picados, donde alcanzan gran altura, para tirarse con las alas plegadas hacia atrás, en una diagonal descendente a 100 km por hora. O su desafiante contraposición a los fuertes vientos, a veces huracanados; cuando, estáticas e inamovibles, ralentizan su oscura imagen en pleno vendaval.

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     Maestras en el aire de la alta montaña, pues su hábitat así lo ha exigido, al habitar entre riscos, paredes verticales donde el aire se entuba y arremolina, para formar pasillos donde canalizar su fuerza.

         Si bien comparte el cielo con otras aves, cuando la montaña se embrutece y el viento es huracanado; sólo campean dos especies en las turbulentas nubes: la chova piquirroja y su prima pequeña, la chova piquigualda.

        Si asombrosa es su adaptación a un medio que roza la frontera de la supervivencia; más admiración crea su comportamiento, pues las chovas – según la etología – son aves con paralelismos humanos. De entrada es un córvido y éstos, dentro de las aves, son los más inteligentes; comparables con las sesudas mentes de chimpancés, pulpos o delfines.

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 Forman parejas estables – nada de perder energía anualmente en buscar compañero, lo tienen de por vida; hecho raro en la Naturaleza -. Esta unidad familiar y su predisposición gregaria –  medida de defensa -  dan lugar a colonias con una organización sofisticada: se reconocen individualmente y forman grupos afines donde el status social está muy jerarquizado.

  

     La categoría social es adquirida a través de méritos y aptitudes individuales; al emparejarse es automáticamente compartida por su congénere ( una chova de status elevado que elige como pareja  a otra de rango inferior; transfiere su condición social al consorte, que, desde entonces, es tratado con la misma deferencia ); no es hereditaria, si bien la genética y, sobre todo, el aprendizaje ayudarán a la prole.

      Al ser sociedades con grupúsculos unidos por afinidades comunes y rangos sociales iguales (  cuanto más jerarquizado es un grupo animal, menos disputas internas se producen ); las peleas son mínimas, salvo en la época de crianza, donde el esfuerzo - ¿ os acordáis ? ...,  ¡ darles de comer cada media hora, sin poder abrir el frigorífico, ni comprar del mercado ... todo a golpe de ala !– y la proximidad entre nidos, son chispas que encienden fuegos. Aquí intervienen las chovas “ bombero-policías ”, mezcla emplumada de acusicas, buen rollo con todas y moscas  cojoneras, que dan la voz de arrebato, “ huit – huip ”, justo encima de la pirómana;  ésta va escuchando cómo la colonia aumenta el griterío hasta que se hace la sueca y también grita “ huit – huip ”; cómo si la bronca no fuese por su causa y fuera pájaro que nunca ha metido la pata.

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 Si la agresión fuera exterior, normalmente por el águila – se llevan como perro y gato -, la bandada se solidarizará con la presumible presa, y hará un bloque común para contraatacar hasta espantarla - ¡ vaya si la alejan: un depredador herido o disminuido, aunque sea levemente, es, más pronto que tarde, cadáver ... el águila lo sabe y buscará, o mejor ocasión u otra víctima ! -. Esta defensa en bloque aún refuerza más los vínculos entre ellas.


      Admiradas por naturalistas y ornitólogos, garantes de la libertad con mayúsculas; acostumbran a ser, en vuelo libre,  compañeras inesperadas de cordada. Aves amigas que nos saludan desde la puerta de un refugio de montaña o, a 8.000 m, en los techos nevados del mundo. Sus graznidos, secos y broncos, carecen de musicalidad y no la necesitan, pues sus notas son letra, airosa y libre; palabra que moldea en las paredes verticales, la profunda poesía de los espacios abiertos.

      Y quizá, si el humano abriera su corazón,  mensajeras de los deseos de montañeros que, a pie de roca, vieran cómo éstas, con sus emplumados dedos de color azabache, esparcieran al viento nuestros más íntimos sueños, ilusiones y querencias. Desde allí se intuyen vuestras cimas; están tan altas que ninguna oscuridad humana puede darles sombra.

               

                                    Mi agradecimiento y admiración a los fotógrafos de la Naturaleza:

                Nicole Bouglouan : http://www.oiseaux-birds.com/

                Aurélien Audevard: http://www.ouessant-digiscoping.fr/

       Nota:  Algunas de las fotografías presentes en esta página fueron tomadas sobre la Web. Si reconocen alguna suya, por favor, díganmelo y pondré el nombre de su autor.


4 Comentarios
Enviado por Annelister el martes 23 de octubre de 2007

“ Plas, plas (que lástima,no puedo poner sonido....a mis palmas).Como siempre,ameno, didáctico, se aprende mucho de tus artículos, a mi por lo menos la fauna y flora me apasiona....que gracioso eres reproduciendo con palabras los sonidos emitidos por ambas....me ha sorprendido mucho le tema de defensa que utilizan, en cordada unida y amistosa, parejas eternas...simbolo indiscutible de Libertad", me ha gustado mucho el artículo y las fotos que acompañan, bellísimas.”
Enviado por Samuel el jueves 24 de febrero de 2011

“gran articulo.me a traido a el, el hecho de que llevo un tiempo viendo una pareja de piquirojas en mi trabajo.gran suerte la mia.vivo en villena alicante, y tengo la gran suerte de que cada dia o casi todos los dias nos visitan estas bellas aves con su grito que se oye desde muy lejos kiaaa¡¡¡ como dice muy bien el articulo.enhorabueno¡¡¡¡¡¡¡”
Enviado por David el viernes 23 de marzo de 2012

“Buenas tardes.Ante todo soy profano en la materia, y esta página me ha ayudado a intentar identificar a un visitante que tengo en casa. Desde hace tres años puedo observar a una pareja de córvidos (?) en el shunt de ventilación del edificio donde vivo, a principios de primavera, y a principios de otoño. Vivo en Cádiz en el ático de un edificio de 10 plantas. (El edificio se encuentra rodeado de edificaciones de 2 plantas de altura máxima, frente al mar).El caso es que hace tres semanas un ejemplar ha intentado anidar en el hueco existente entre el falso techo y el forjado del cuarto de baño. En dos ocasiones se ha colado dentro de mi vivienda (a través del pequeño hueco existente, al desmontar los focos halógenos con objeto de disuadirlo), y he tenido la suerte de poder disfrutar de él durante unos minutos antes de dejarlo en libertad. Como digo, es "reincidente".Por su comportamiento curioso y atrevido me hace pensar que se trate de un córvido, y por las características lo asemejo a la chova piquigualda que describís en vuestra web. Por lo que me he podido infomar, parece extraño que pueda vivir en ciudades y más en latitudes como Cádiz. Me gustaría mandaros una foto que hice con el móvil, y si me podéis confirmar de qué especie se trata os estaría muy agradecido. Muchas gracias.”
Enviado por Lupus el domingo 25 de marzo de 2012

“Te he contestado por vía privada. Al hilo de tu intervención, comentar en público dos cosas:
Gran cantidad de fauna, en especial avifauna, encuentra en nuestras ciudades sucedáneos de sus hábitats. No es una rareza las nidificaciones de rapaces -p.ej., halcón peregrino o cernícalos-, córvidos -p.ej., la omnipresente urraca o picaraza- o paseriformes, con el popular gorrión -Passer domesticus- que da nombre a un orden tan generoso. Por no hablar de las ubicuas y, a veces, problemáticas palomas...
Lo que me preocupa y "todos los amantes de Mater Natura" tenemos que esmerarnos es en preservar la vida y no efectuar intromisiones en el nido-ciclo reproductor que puedan conllevar el fracaso del mismo. La mejor actuación ante la sospecha de una plataforma nidal cercana a nosotros es "respetarla y no acercarnos" y, a ser posible, crear un perímetro de seguridad. Este hecho salva o condena vidas y puede afianzar o descartar hogares compartidos; acto que se encuentra en nuestras manos y no depende de nadie más.”


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