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jueves 27 de diciembre de 2007, 14:59:59
AGUILA REAL - AVIFAUNA ALPINA III -
Tipo de Entrada: ARTICULO | 24 Comentarios | 129420 visitas




AGUILA REAL  - Aquila chrysactos -

Clase :  Aves
Orden : Falconiformes
Familia : Accipítridos
Género y especie : Aquila chrysactos, arrano beltza, águila daurada, aigle royal, golden eagle.
Hábitat : Montañas en todas las cotas. En menor grado zonas boscosas y acantilados  
               marinos.
Alimentación : Carnívoro

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       Plumas de silencio escriben en el aire su nombre;  tiñen, con oscura tinta, la sombra de la Real Cazadora. Reina de cielos recónditos e inaccesibles; más allá de la huella del hombre y de su corrosivo aliento, donde la tierra y la roca permanecen salvajes, libres del yugo humano. Su cabeza emplumada corona reflejos de oro, fundidos de fuego celeste, para relucir sobre los espacios abiertos y espejear miradas de admiración y respeto. Dama fiel e independiente, señora de altos vuelos y de garras penetrantes; hija de Madre Natura que equilibra la sombra de la muerte y la luz de la vida.

      Si se oyese un leve grito de triunfo, y se ojease, en la lejanía, un rayo oscuro de regia belleza; divisaríamos a la Gran Señora: el águila real, soberana de rapaces.

      Sobrevuela el Hemisferio Norte: Eurasia y zonas norteñas de África y América; cuenta con una población entre 110.000 / 140.000 individuos. En nuestro continente está diseminada en pequeñas zonas ( Pirineos franceses: 50 / 56 parejas reproductoras ),  para concentrarse, como subespecie A. c. homeyeri - más oscura y pequeña -, en la Península Ibérica: 75 % de la población, con ± 1.400 parejas reproductoras ( principales núcleos en orden de importancia: Sistema Ibérico, Cordilleras Béticas, Sierra Morena y Pirineos; y, en menor cuantía, Sistema Central y Cordillera Cantábrica ). Rapaz sedentaria ( sus primas siberianas y de Norteamérica - zona septentrional en general, por encima del meridiano 60º latitud norte  - migran hacia el sur con la otoñada ); es el águila más grande y poderosa de Iberia, con una envergadura alar en la hembra de 215 - 227 cm ( macho, 188 – 212 cm ); longitud, 80 – 93 cm y alas plegadas, 62,5 - 70,5 cm ( m.: 59,5 – 66 cm ). Peso 3 - 6,6 kg ( m.: 2,9 - 4,4 kg ). Estas diferencias de tamaño capacitan mejor al macho, en destreza y maniobrabilidad, para la defensa del territorio y la caza aérea de presas volátiles - pequeñas -. Mientras, su maciza consorte es una formidable cazadora de superficie, que cae, como un apocalíptico meteorito, sobre las presas terrestres - mayores -. Brutal fuerza necesaria en el maternal despiece de las cebas y en la ardua y agotadora labor de la crianza. Padre, pequeño y ágil, se acopla perfectamente con la voluminosa matrona real , robusta y enérgica; se complementan para explotar , por aire y tierra, el nicho ecológico en tandem de pareja inseparable ( es tal la compenetración que forman pareja de por vida ). En el aristocrático trono de las regias águilas, el macho es el débil - que, a la hora de hablar de tan potente especie, forma una media mentira -; mientras su poderosa reina gobierna los cielos y luce con justicia corona, cetro y manto. Esta real capa emplumada - en lenguaje plebeyo, librea - se hila en castaño claro; con la cabeza, nuca y borde anterior de las alas en tintes dorados ( nombrada, águila dorada, en otros idiomas ) y extremos digitales negros ( rémiges primarias ), oscurecidos por la concentración de melanina ( concretamente eumelanina:  pigmento negro muy resistente a la luz, inclemencias atmosféricas, desgaste ...; curiosamente su nombre en euskera ,” arrano beltza ” significa águila negra ). Muda de primavera a otoño - abril hasta noviembre -; largo periodo, puesto que el plumaje forma vestimenta protectora y de vuelo. La pluma naciente empuja, desde el folículo, a la vieja, a una velocidad desfasada respecto a la contigua. Progresivamente, plumas raídas y recientes se alternan para no desarbolar el cuerpo ( la muda completa de rémiges y rectrices dura dos años. Y, si en otras especies supone un importante gasto energético - hasta 25 % del metabolismo basal - que debilita al individuo, exponiéndolo a un estado breve pero crítico; la real lo dosifica - 5 % del metabolismo basal - y alarga con el objeto de minimizar los efectos negativos. Lejos de poseer un vistoso plumaje, las plumas de la cola – rectrices o timoneras -, adquirieron relevancia al formar parte de la cultura y simbología de los pueblos amerindios; ya que constituían emblema del mayor status social de cada tribu ( junto al chamán – sacerdote curandero – que utilizaba distintas partes anatómicas del águila real en los rituales ). Los guerreros de los diferentes pueblos indios, tan legendarios como los sioux o los pieles rojas , exhibían con orgullo plumas timoneras trabadas del cabello: marca, icono y bandera de su coraje y maestría guerrera. Por cada triunfal acción de valor o de combate ( llamada coups:  escaramuzas belicosas que no implicaban, necesariamente, matar al enemigo sino vencerle; a imagen de las peleas entre especies  animales. De hecho estas tribus – en perfecta armonía con el entorno - han pasado a la historia como modelo de conducta ecológica en comunión con Madre Natura /  Manitou ), el guerrero adquiría el honor de lucir una lustrosa pluma timonera. Ésta recibía un visible corte si el guerrero había sufrido alguna herida en el transcurso del coups. A distancia y sin mediar ningún contacto hostil , todo enemigo tribal sabía con qué tipo de guerrero podía medirse; y, en consecuencia, ante la perspectiva de una humillante derrota: negociar, parlamentar ..., desarrollar vías diplomáticas. Gracias al plumaje de las águilas reales, se dejó, en parte, de verter sangre india por temor a no estar a la altura del emplumado oponente.

      Cabeza móvil que sobresale mucho; de amplia movilidad que le capacita para divisar en abanico, pues sus ojos están encajonados en las órbitas oculares, fijos; techados por una ceja que afila su expresión. Ojos - en proporción a la cabeza - muy grandes, en amarillo o castaño, pero siempre con luz ambarina, situados a los lados para incrementar el perímetro de detección ( campo visual que triplica al del hombre, y reduce a capricho ). Visión binocular en tres dimensiones,  con una percepción del color similar a la humana y una agudeza visual para los movimientos leves, años luz de la nuestra ( posee dos fóveas - zona de máxima agudeza visual retiniana, al ser abundante en conos -, nosotros una; disfruta de una visión general tres veces superior y ocho en agudeza visual ); con una concentración de células retinianas que le permiten “ aislar objetos ” – el doble al humano – para escudriñar su área de campeo ( ojea a ±1.000 m, presas del tamaño de una marmota / conejo y divisa a otro congénere a distancias lineales de 5 km ); de retina engrosada que supera, en 5 veces, los conos por milímetro cuadrado . Distingue la luz polarizada en longitudes de onda próximas al ultravioleta, para orientarse con cielo muy nuboso; al mismo tiempo que utiliza sus líneas de fuerza, sensibles al campo magnético terrestre.

   

    Pico negro en la punta y azulado en la base curvo para desgarrar la carne, 38 – 50 mm; con una abertura angular de 100 º, gracias a sus amarillentas comisuras de cera amarilla ( membrana que rodea la base del pico ) y narina alargada. Cola larga, 39 - 42 cm ( m.: 29 – 32,5 cm ); ancha, de formas redondeadas y terminada en una banda negra. Tarsos en castaño rojo, 8 – 13 cm; emplumados - calzas -  hasta la base de los dedos amarillos, con el primero y el segundo oponibles. Garras amplias , 30 cm,  de 4 dedos fortísimos; el posterior oponible,  con una uña de pulgar de 5,5 cm, curvada desde su nacimiento que actúa de puñal; resto, 6 cm, en tres dedos delanteros que sujetan a la presa ( características morfológicas que le impiden  - periodos medios y largos - posarse con las plantas extendidas; de hecho busca perchas irregulares y prensibles, hábito común en rapaces ).

                

                   El joven inmaduro es más oscuro, tono chocolate, con manchas blancas en las alas ( primarias ) y cola ( rectrices ), que, en las sucesivas mudas,  clarea y pierde la blancura, hasta los 4 ó 5 años.

                        


         Ave silenciosa ( su técnica de caza es la sorpresa y el acecho ) huye del bullicio y  de los espacios humanizados, concurridos por rapaces plebeyas, más querenciosas por mostrar sus encantos al público. Su altivo vuelo y regio porte colorea los paisajes naturales, libres de los matices chillones del hombre; y, si su forma de reivindicar reinos salvajes fuese gritar a los cuatro vientos cualquiera de sus reclamos: “ Chüh; quiá; quipu; quiuiit, quió -quió ... ” ; acostumbra a zanjar la cuestión con su inmediata ausencia, en el desdén del destierro voluntario. 

      

         Su nicho ecológico oscila entre el monte bajo de influencia mediterránea hasta las cumbres nevadas; pues es señora de alta y media montaña, dueña de las serranías y las soledades rocosas. Carnívora generalista ( no especializada en ninguna presa ) caza de todo, desde minúsculas presas del tamaño de un insecto, que se ponen a tiro de pico - sin malgastar energía-, hasta grandes presas - carnívoros - como lobos, zorros, mustélidos ( marta, armiño, tejón, comadreja, etc. ), ginetas, gato montés ... Así como recentales de herbívoros ( cabritos de rebeco y cabra montesa - en Andalucía, llamada por ello, águila chivera -, borregos de muflón, cérvidos - corcinos, cervatos y gameznos -, e incluso rayones del peligroso y astuto jabalí ), al igual que a sus adultos enfermos ( en función del peso ). Sin olvidar presas intermedias: ratones, lagartos, serpientes, grandes aves ( importante controlador de córvidos, con los cuales mantiene una relación recíproca de odio ), liebres, conejos -mediterráneo -, marmota  - alta montaña - ... Una inmensa variedad que nunca incluye al ganado - exceptuando en estado de carroña - , ni a los niños ( huye de la presencia humana ); falsas leyendas que - hasta hace pocos años - han sido patente de corso para los saqueadores de la Naturaleza. 

            

      Esta amplitud depredadora no diezma a las poblaciones cazables, al no centrarse en muchas capturas de tan sólo un par de especies, y, como consecuencia,  esquilmar las zonas; por el contrario, elimina al débil, tarado o enfermo que, como biomasa,  alimenta a su estómago y, como especie, no ha lugar a la transmisión de enfermedades ni de genes. Dentro de cada territorio regula la abundancia de determinadas especies ( p. ej.: las comunes marmotas en Alpes y Pirineos, forman el 60 % de su ingesta ); caza escurridizos oportunistas de gran inteligencia ( córvidos y zorros ), e incluso es uno de los pocos depredadores del prolífico jabalí - camadas de rayones -. Si estas acciones revitalizan ecológicamente los territorios donde campea, aún posee otra característica que la entrona como reina de la cadena alimentaria y eleva a la cúspide de la pirámide trófica: caza a otros cazadores, se convierte en un superpredador que mata a otras rapaces, cánidos, mustélidos, etc.

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     Al liberar la presión de los carnívoros sobre sus potenciables víctimas, éstas prosperan en los eslabones medios y bajos de la cadena trófica ( incluidas las especies cinegéticas: una águila real puede cazar una perdiz, codorniz ..., y a los predadores de éstas, algunos especializados en ellas y sus nidadas; hecho que , afortunadamente, empiezan a valorar los gestores cinegéticos ); no existe mejor controlador de carnívoros que una pareja reproductora de águilas reales, ni mejor guarderío de espacios naturales - sin retoque humano-  que éstas; convirtiéndose con justicia, en imprescindibles actores ecológicos .

       En Pirineos, su presa favorita  es la marmota ( 60 % de la dieta en Alpes ) , que complementa con grandes aves ( perdiz nival y pardilla, palomas y córvidos ), armiños; ocasionalmente algún cabrito de sarrio o adulto enfermo ( inferiores a 7 kg de peso, sanean los rebaños al eliminar individuos infectados; de hecho en determinadas zonas de Alpes, puso al borde de la extinción a éstos, al no ser debidamente depredados y propagar el contagio) y carroña que disputa a otros necrófagos. Todo plato, dentro de un variado menú, que contenga una mínima ingesta de 230 / 300 g diarios de carne; si bien, tanto ayuna como puede cazar varias veces al día - generalmente, cebas al aguilucho -. Para ello, la adaptación natural ha moldeado unas características letales ( fuerza, destreza, inteligencia y anatomía depredadora ). Refina con arte una poderosa técnica de caza, diversificada en tres variantes: 

              

        Los cazaderos en el espacio aéreo pertenecen a los dominios del macho; su menor porte y mayor esbeltez propician el lucimiento y la destreza en la captura de aves ( gran variedad de tamaños y especies, desde extremos de predar sobre otra rapaz, hasta un pequeño pájaro; si bien lo común son córvidos, palomas o gallináceas ). La inteligencia y el instinto depredador le impulsan a coger altura; desde arriba ojea sin delatar su presencia, calcula la trayectoria del viento con la intención de aprovechar el empuje de sotavento. Una vez divisada la víctima, cae en barrena hacia ella, con el cuerpo en picado, a velocidad de vértigo ( media de 200 km / h, con extremos de 240 km / h, a la altura de la rapidez del halcón peregrino; toda una proeza para su gran tamaño ). Busca el dorso de la presa ( en función del tipo de ave, puede sobrepasarla, para remontar y atacar desde abajo ). En décimas de segundo, adelanta las garras para capturarla; la violencia del impacto, las aceradas uñas y la letal sorpresa, hieren de muerte a la víctima.

       

     La variante femenina acostumbra la depredación terrestre. Estática desde una percha dominante ; o bien, en perpendicular, sobrevolando en círculos el cazadero, atisba todo tránsito ... ¡ Ahí asoma ...! Con celeridad cierra las alas y pica a favor del viento y de la luz. La velocidad del picado emula a la de su compañero; arrumba hacia la presa, gobernando con las plumas bastardas - álulas - y la cola. En los últimos segundos, antes de impactar contra la víctima, adelanta los tarsos, con las uñas de las garras en proa, y abre en abanico la cola; junto a un despliegue espectacular de las alas, para facilitar la maniobra se erizan las plumas bastardas ( llamadas álulas; ubicadas en la punta del ala, sobre el primer dedo - equivaldría a nuestro pulgar -, imprescindibles en cualquier ejercicio de dominio aéreo ) y ... ¡ Captura ! Si la presa es mayor que una liebre, no morirá al impacto; precisará del acuchillamiento con las uñas ( las 3 delanteras penetran hasta 5 cm, mientras que el puñal trasero se hunde hasta 9 cm ) y de la sujeción del cuerpo: una garra inmoviliza el dorso, mientras la otra se aferra a la cabeza ( provoca la asfixia y evita ser mordida; crucial en especies tan grandes como lobos - en las estepas asiáticas lo caza en libertad y cetrería; se considera deporte y tradición ..., ¡ pobre tocayo mío ! -, zorros, mustélidos, rayones ). Los estertores de la asfixia terminan en segundos con un par de picotazos - penetra 6 cm en ángulo -.

               

         La tercera variante es la más común: Batidas a ras de suelo, en busca de sorprender a la presa. La real inspecciona el cazadero en vuelo rasante, paralelo a la orografía, con las alas en forma de " V " abierta, y las puntas de las rémiges casi tocando las rocas y la vegetación ( maximiza su porte y el ruido del vuelo, con la intencionalidad de levantar la presa y que se muestre al descubierto ). La sombra de la muerte provoca el pánico entre cualquier víctima que, asustada, sorprendida y sin capacidad de reacción, se expone en campo abierto.

 

      Estas estrategias depredadoras rozan con una contrapartida ( el inmenso saber de Madre Natura ): Si el ataque de la real falla al primer intento, su instinto, raramente, le incita a la persecución (  difícilmente supera el 40 % de efectividad: al equilibrarse, para reanudar el ataque, pierde mucho tiempo y energía, no compensa ); hecho que potencia la transmisión de genes por parte de las evasivas víctimas y, por el contrario, elimina por hambruna a la real torpe. La ley natural de " comer y no ser comido " entraña herencia genética - digamos que se lleva en la sangre - y escuela de aprendizaje ( las jornadas estivales donde el aguilucho juvenil se instruye con los padres ).

          

      Una vez con la presa inerte entre las garras, la Gran Cazadora - dominante y triunfal -, cernida sobre el cadáver de su víctima, realiza un comportamiento insólito: Tras la captura, arqueará las alas - en acción de cubrir a la presa -, al mismo tiempo que erizará las plumas de la cabeza, para abrir el pico y - tras el grito de rigor: ¡ Quió - quió ! - ritualizar la cacería; teatraliza un acto común de supervivencia, para sublimarlo. Tras la escenificación de la ceremonia ritual, se alejará del lugar del ataque, con la presa en las garras ( en función de su envergadura si no sobrepasa su peso,  4 / 7 kg; en cuyo caso, porteará distintas partes despiezadas ) hacia una percha cómoda; en un intento de borrar todo signo de lucha, pues huye del griterío, ruido y publicidad ( rapaz silenciosa, discreta y sobria donde las haya ) que pudiera alarmar a los inquilinos de sus cazaderos. Con mayor o menor esfuerzo alzará su comida, para degustarla tranquilamente en buenas perchas y mejores posaderos.

             

          Maestra en el arte de la caza no hace ascos a la carroña; es más, gusta de ella; e incluso está atenta a la algarabía de córvidos y buitres para disputársela; sin ninguna dificultad pues es dueña guerrera del aire y, tan sólo, el quebrantahuesos osa disputarle el trono. Al igual que otras rapaces, los restos indigeribles de alimentos, los expulsa por el pico, gracias a los movimientos peristálticos negativos del esófago. Estas bolas cilíndricas, llamadas egagrópilas, son identificativas de cada especie; en el caso de la bella águila dorada, forman un ahusado amasijo alargado de 7 - 10 cm, que no superan los 50 mm de  grosor.


      El inicio astronómico del solsticio y la crudeza climática de los primeros días del año  nuevo ( fechas cambiantes con la latitud; no influye la temperatura, sino el aumento de las horas solares ), marcan las nupcias de la monógama pareja ( fieles de por vida, si uno fallece no es sustituido hasta la próxima temporada ). La danza del amor roza el aire con los primeros aleteos del marcaje territorial: comparten baile - si bien, el protagonismo y la iniciativa, recaen en el macho -. Las alas moldean toboganes, meandros y círculos - acompañados por el grito territorial: << ¡ quiá - quiá ... ! >> -; bajo una geometría aérea de formas curvas y ondulantes. Signos visuales ( lenguaje en 360 º, ojeable a grandes distancias ) que expresan, no sólo una posesión pública del territorio ( en el mundo de las reales, " pública ", es palabra tabú, dado su carácter sigiloso y discreto; hecho que aún afianza más su genético instinto territorial, en especial en el ciclo reproductor y, en concreto, en el área circundante al nido elegido para la incubación ); sino gestos amorosos que vinculan relaciones de pareja ( los vuelos de marcaje no son exclusivos de la parada nupcial, aunque en ella se puede disfrutar, más fácilmente, del espectáculo ).

      Los pasos de baile estimulan a la pareja, para sincronizar la producción de hormonas sexuales ( andrógenos y estrógenos, inicialmente despertados por el reloj solar, al aumentar la luminosidad ). Alguna cena romántica ( costumbre más extendida en otras rapaces ), donde el macho obsequia una presa a su amada; ayuda - y en mucho - al auge de la libido ( los preliminares del cortejo equilibran la carga hormonal de los amantes que, a lo largo del celo, se incrementará para culminar, reiteradamente, en las cópulas ). Curiosamente, las víctimas regaladas por el novio como joya romántica, acostumbran a ser pobres machos que, ocupados en conquistar a las respectivas damas de su especie; se exhiben y se exponen a pluma descubierta, impulsados por la propia excitación, despreocupados por otros menesteres que no impliquen: " chico busca chica ". Esta concentración hormonal se asimila en la ingesta ( hecho común a todos los carnívoros ), donde la novia degusta los placeres de la carne, regada con altas dosis de hormonas sexuales.         

 

       Tras el romanticismo de los vuelos de marcaje y las cenas afrodisíacas, la larga noche de bodas ( últimos de diciembre hasta primeros de marzo ) transforma el cortejo de apareamiento de unas rapaces, en una ceremonia ritualizada de gran hermosura natural. La transmisión genética se viste de gala, para danzar en una coreografía salvaje, de expléndida belleza plástica. Sobre un lienzo azul, frío y luminoso, la real pareja dibuja, con sus plumas enamoradas, quiebros, cabriolas, volteos, vuelos de espaldas, piruetas y molinetes. Equilibrios amorosos, malabares de frenesí. El ballet de las amantes águilas arquea siluetas; desafía la atracción terrestre, impelida por la atracción sexual que no entiende de más ley física que no sea la irresistible física de la pasión. La danza del amor orquesta una cadencia ascendente y descendente en ondulados remontes, para caer en picado. El galán gana altitud a golpe de pluma, en un derroche de fuerza y poderío; para picar con las alas cerradas, en caída libre, hacia otro punto y volver a reiniciar los pasos de un baile desenfrenado y repetitivo. El éxtasis arrumba giros de cola; el macho emula ataques hacia la hembra, y ésta, en el juego amatorio, se voltea ofreciéndole las garras y el pecho. Enlazados en un apretón de garras, giran en volteretas hacia el abismo; unidos, garra a garra, en una seducción que desafía a la gravedad. La magia de la ceremonia real estalla con un grito: << ¡ Quiá - quiá ..., quiá - quiá ! >>; pocas palabras para proclamar el amor de las águilas reales.

  

    El clímax culmina con las breves cópulas, 5 / 12 segundos, que abarcan un amplio periodo, desde mediados de enero, hasta finales de febrero o principios de marzo. Curiosamente, las reales uniones no implican, necesariamente, el contacto cloacal - genitales de las aves -, pero se consuman con éxito reproductivo y se intensifican en las semanas previas a la puesta. En el mismo sentido, se ha podido comprobar acoplamientos fuera del celo; hecho que - según los etólogos -, a parte de ser una apasionante conducta animal, razonan como una afirmación - durante todo el año - de los vínculos amorosos de la regia pareja. 

      

    Finalizada la luna de miel, se precisa adecuar la cuna; para tan escasa prole, resulta generoso el número de nidos, 1 / 12 ( lo usual son tres, con extremos de doce - parejas muy veteranas - y una - primerizas -; cantidad proporcional a la madurez - experiencia ).  Las distintas ubicaciones obedecen a la necesidad de evitar los expolios y los parásitos - dada la presencia de restos alimentarios en el nido y la nula costumbre de pasar aspirador y escoba; se cree que usan la técnica del aireo a la intemperie para disminuir la cantidad de parásitos -; y a la reafirmación de los vínculos de pareja en los vuelos de marcaje territorial; con una distancia, entre ellos, superior a 100 m, e inferior a 5 km. La ubicación peninsular de las plataformas se inclina, abrumadoramente, por los roquedos, 90 %, y, tan sólo, un residual 10 % en las copas de los árboles ( por orden frecuencial: pinos, encinas y alcornoques; plataformas más voluminosas que las rupestres ); e incluso llega a nidificar en el suelo ( estepas asiáticas ). Se adapta a un amplísimo rango altitudinal que oscila, desde nidos a escasos 50 m de altitud de cualquier farallón litoral con magníficas vistas marinas, hasta 2.500 m, sobre rocas pirenaicas; con una altitud media de 950 m. Ya que la cuna se expone a cielo abierto, prefieren la orientación Sur / SE, en menor agrado Este, e incluso Norte; raramente Oeste, por ser derrotero húmedo, racheado por las lluvias. Preferiblemente con un pequeño tejadillo o saliente rocoso que las resguarde y de suelo plano; siempre de fácil aterrizaje y despegue, pero inaccesible para curiosos indeseables ( córvidos, otras rapaces, hombre, etc. ); razón por la cual, intentan camuflarlo al máximo ( difícil tarea ya que las deyecciones pintan de blanco la piedra, clara pista para el expolio atávico ). Todas estas necesidades y querencias ecológicas del águila real con el medio, dan a la Península Ibérica el calificativo de " paraíso aguileño ", lugar idóneo donde fundar familia, volar a vela y llenar el pico con suculencias ibéricas.

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   La real pareja se afana en el acarreo del material: cualquier ramaje - en especial verde  y de pino -, borra y lana de mamíferos, hojas, vegetación de la zona; son porteados en  las garras y el pico, con la intencionalidad de mullir la parte central - llamada forro, base de la pollada - y reforzar la periferia. Habitualmente reconstruyen los nidos de años anteriores, e incluso usurpan plataformas de otras rapaces; en cualquier caso, aportan material nuevo y actúan en la remodelación, inexorable instinto genético que, aún perdida la puesta, indefectiblemente se esmeran en perfeccionarlo. Como consecuencia, las plataformas reales, más que tronos forman castillos de una envergadura considerable ( hablaríamos de peso superior a 500 kg, y 3 / 5 m de altura ). Si bien, lo común son cifras más modestas - diámetro ±  2 m y peso 100 / 300 kg -.
       A partir de la segunda quincena de marzo, la clueca real pone 1 / 3 huevos (  nidadas de dos, 76 %; única, 15 %; y triple, 9 % ), de color blanco marfil, 77 x 60 mm, y peso de 130 / 140 g, moteados en pardo, de formas redondeadas y textura dura y rugosa. La diferencia temporal entre la puesta del primero y el segundo, 3 / 5 días, dictará la sentencia de muerte del benjamín, futura víctima de la tradicional e inmisericorde Doña Supervivencia; ya que la incubación es inmediata, 42 / 44 días, y el calor de la madre se convierte en la primera ventaja sobre el nonato inocente. Mientras el padre orgulloso de la nidada en ciernes, sustituirá, como lumbre clueca, a la matrona en sus ausencias ( aseo, alimentación - bien aportada por él o depredada por ella -, pero siempre fuera del nido ). Tareas compartidas, si bien quien defiende el nido y lleva el mayor peso es la hembra ( una de las razones de su mayor envergadura ), mientras el macho sobrevuela los cazaderos en busca de pitanza y patrulla majestuoso el territorio.

                   
             
       Una ausencia temporal de los padres - o una espantada inducida por la actividad humana - pueden ser aprovechadas por los oportunistas córvidos. O - lo que no es natural - por la desaprensiva mano del furtivo que, en vez de matar el hambre del estómago, asesina o secuestra la pollada, para satisfacer su codicia. No sólo el expolio purga las nidadas; los ruidos, rugidos de la vorágine urbana, ensordecen la paz de los espacios salvajes; junto al acercamiento humano ( individuos que desvirtúan y ensombrecen la imagen de escaladores, fotógrafos, naturalistas, turismo medioambiental ...;  al no respetar las distancias mínimas ). O el helor invernal que congela el tenue latir de los embriones.  Acciones de muerte que diezman generaciones; en especial, cuando la incubación sobrepasa los 23 días, y los padres ya no pueden empollar una segunda tanda. 

 

  

     

     Entre sábanas de ramaje y bajo la tibieza de las primeras luces de mayo, la regia cuna acogerá a los principescos aguiluchos. El mayor y, por lo general, único heredero a la corona ( las polladas viables de dos hermanos corresponden a menos de un tercio ), verá la luz a través de un pequeño agujero horadado - por él mismo - en el duro cascarón; gracias al martilleo con una pequeña protuberancia córnea del pico - llamada diamante, común en las aves -. Ayuna en el primer día de vida, quizá como expurgación o penitencia por el futuro fratricidio. Una vez pasado el día de ayuno forzoso, su madre, solícita y maternal - hablamos de la misma superdepredadora, terror de la cadena alimentaria -, mima al infante de la nidada; más atento a comer y defecar ( las deyecciones no son retiradas por los padres - costumbre en otras aves -; sino de espaldas al exterior, las expulsa. Como señal - y con gran disgusto de sus progenitores al delatar la ubicación - aparecen unas manchas blanquecinas que colorean la zona ); que a sus carantoñas y miradas tiernas - ¡ que en una águila es mucho !-. Mamá, a pie de nido, alimenta y protege a la real descendencia; mientras papá vuela en busca de carnaza. Gracias a ésto, el aguilucho acelerará su desarrollo; ya que come, diariamente, ± 200 g de pura proteína, imprescindible en este periodo vital ( la vulnerabilidad del polluelo en las dos primeras semanas llega a ser crítica ). Su aspecto dista mucho del canon de belleza y ternura que inspiran los cachorros. Si por lo general, los pollos de las aves pecan de " beldad camuflada "; en nuestro poco agraciado aguilucho, la desproporción hiere, como una afilada astilla, al ojo. Unas enormes garras, acuchilladas por las tiesas uñas; junto a un torpe esbozo de alas, más cercano a muñones emplumados que a gráciles manos aéreas; ridiculizan su imagen, reflejo burlesco de la regia estampa paterna. Ni siquiera los oscuros ojazos, abiertos y espectantes - se aclararán al gris, conforme cumpla meses -; o el cálido pijama de plumón blanco, algodonoso y tupido - chaleco contra la hipotermia -; inclinan la balanza: ¡ No le demos más vueltas ...; hay que reconocerlo: es feo, cariaguileño por la genética y cariacuchillado por la naturaleza ! Distorsionada caricatura de sus reales progenitores que - como todos los padres - pensarán en su retoño, ¡ como el chiquitín más guapo del mundo ! Mas, para darle la razón a sus aéreas majestades, hay que esperar tiempo. Y, en las dos primeras semanas de vida, acontece un suceso que no ayuda a simpatizar con el aguilucho: el cainismo ( el hermano picotea al pequeño; éste, ligeramente debilitado, sufre no sólo pequeñas lesiones sino que, atemorizado, se acurrucará y orillará, sin estirar el cuello para recibir alimentos. La madre, en el mejor de los casos, apenas le cebará al no ser estimulada por la acción pedigüeña, o, simplemente, garantizará los nutrientes al pollo más sano, el mejor candidato para perpetuar los genes ). El primogénito, alevín de verdugo, o su madre, asesina de su hijo recién nacido; deslizan la hoja de la guillotina, afilada por la supervivencia, para segar el tierno pescuezo del infante. El ingenuo muere, sin cumplir dos semanas de vida, a manos de su despiadada familia.  Letra de un guión dramatizado por Madre Natura, que, si bien concluye con el mismo final cruento - con la esperanza del indulto en el 31 % de los nacimientos dobles -, trueca el criminal pico por el desdén del olvido; donde las cebas esporádicas y el exilio al extremo de la plataforma - exposición al vacío, intemperie, depredadores, etc. - se arman de hambruna y rigor climático, para amortajar al benjamín aguilucho, sin ensuciarse las plumas con sangre inocente. Sus oscuras pupilas, apenas contraídas  por la luz de la vida, se dilatarán en una agonía que no excederá de su primera semana de existencia - en el 79 % de los casos -. Este hecho cruel es otra muestra más del saber de Madre Natura: Optimiza los esfuerzos y recursos, para asegurar siempre un aguilucho en cada nidada. Por otro lado, criba el número de cazadores, para equilibrar la pirámide trófica. Lección magistral que los humanos hemos maleado, para matarnos los unos a los otros. Y exterminar a todos los depredadores - antaño mal llamados alimañas -, en la falsa creencia de mejorar los propios cazaderos. Cotos para el " disfrute " de algunos humanos, que no forman más que jaulas campestres donde disparar a domesticados animales, revestidos con el disfraz de especies salvajes. O, en el mejor de los casos, cementerios vivientes, sin biodiversidad faunística ni futuro ecológico.

 

     La real madre desmenuza trocitos de carne ( habitualmente de aves: proteica, tierna y muy digerible; cazada por el macho ). Si algún jirón carnoso fuera incómodo de ingerir, lo aprovechará la madre; poco habitual, pues el polluelo puede ingerir patas enteras de gallináceas, marmotas o conejos merced a su musculoso y desproporcionado cuello. Hacia la cuarta semana, 25 días, se produce el primer cambio de plumaje: La blanca bolita de plumón se tiñe de trazos negros, remarcados por los incipientes cañones de los bordes alares y de la cola. Se apoya en los codos e intenta fortalecer los tarsos, para estirarse y parecer más grande. Y lo conseguirá hacia los 42 / 49 días; " pega el estirón ", en un cambio espectacular que, en la séptima semana, alcanza la corpulencia -  en ¾  partes - de un adulto. Visualmente aparenta otro; a su fortaleza física se une el cambio de traje, donde las plumas cobertoras, tersas y oscuras, techarán su piel en sustitución del infantil plumón ( el consumo de recursos alimentarios, para la elaboración del plumaje, eleva considerablemente su gasto metabólico. Constituye la muda más rápida de su vida - al sustituirlo casi de golpe -; pues, cuando vuele, precisará de todas ellas para sobrevivir - termorregulación, caza, locomoción -; razón por la cual tendrá que alternar las plumas nuevas y viejas, para no desguarecer la cobertura ). Luce con orgullo adolescente su librea chocolate, salpicada de manchones blancos ( colores indicativos de su status; imagen que le servirá de salvoconducto para campear libremente en sus posteriores movimientos dispersivos de inmaduro y no ser atacada por sus congéneres. El aseo y ordenamiento de las plumas adquiere rango de costumbre; hecho imprescindible en su próximo estado de volantón ( desde el primer vuelo hasta el último; el cuidado alar, los baños y el buen mantenimiento del plumaje son fundamentales en su vida aérea ). Él sólo limpia, desmenuza y come las abundantes presas proporcionadas por los adultos ( al ser más autosuficiente y menos vulnerable, sus padres pueden dedicarse a cazar ). Realiza ejercicios musculares más completos y variados; pasea por la plataforma y se yergue poderosamente al impulsarse con aleteos. Consecuentemente, mejoran la amplitud y fortaleza de las alas, junto a unos magníficos tarsos; ambos, cada vez, más semejantes a los del adulto. 

   

     A partir del solsticio de verano - 63 / 70 días, últimos de junio a principios de julio - la llamada de los padres para que emprenda el primer vuelo, cae vertiginosamente al vacío. El primer salto de cara al exterior se demora por miedo al abismo; sus paternidades reales han de practicar estímulos gastronómicos - común en la escuela de los carnívoros -, para que el reacio aguilucho abandone el nido y extienda, por primera vez, sus alas en pleno vuelo. A escasos metros, la suculenta visión de una presa muerta sobre un posadero cercano, azuza su instinto y adormece el temor. Se asoma al borde y ... ¡ los primeros aleteos en el aire ! Torpes, titubeantes; pero, uno tras otro, navega sin naufragar, para recibir su regalo, matar el hambre y el miedo escénico. Si el despegue se convierte en un acto de fé - o carnal hambruna - el aterrizaje se transforma en una parodia. Los padres, al quite, siguen los atolondrados inicios del volantón; que comprueba, en sus propias carnes, cómo la independencia hay que ganársela a golpe de ala y de pico. Cualquier protuberancia rocosa, si no dista mucho, se convertirá en un puente aéreo que lo acerque más a su condición de Príncipe Inmaduro, independiente y autónomo. Mas, si el vuelo forma parte importante de su aprendizaje; el arte de cazar sentenciará su futuro. Alguna inicial y esporádica presa herida - entregada por sus reales maestros -, para que sirva de entrenamiento - usual en la universidad de los carnívoros -; el instinto depredador que, genéticamente, hierve su sangre. Y el ejemplo familiar de las distintas técnicas cinegéticas, bullen en la cabeza del volantón aguileño. Mas, será la escuela de la vida, con sus capturas y errores, quien determinará el grado de madurez del volantón, aprendiz de adulto. La experimentación forma cátedra, aula de experiencia, donde el éxito o el fracaso, se califican con la muerte o la supervivencia (  productividad de 0, 81 pollos / pareja reproductora, de las más altas de Europa ). Las jornadas veraniegas se truecan en libro de obligada lectura y clases prácticas; donde las horas de luz proporcionan la mejor iluminación para los lances perfectos de los adultos y, como reflejo de éstos, la imitación, cada vez más natural, del hijo. El hambre, el ejemplo a emular, los reiterados intentos y la latente herencia genética; forjarán el carácter depredador del juvenil aguilucho.

         

     Llega el otoño, la piel de la montaña se tatúa en sangre y fuego, para colorear la vista panorámica del aguilucho. Su mirada necesita abarcarlo todo: Conoce su pasado y disfruta del hoy; pero, instintivamente, percibe un futuro que lo reclama con urgencia. La ansiedad  del polluelo ante la espera de recibir carnaza; el temor del volantón hacia el vuelo libre; se difuminan en meros recuerdos de una infancia, inerte entre el ramaje del olvidado nido. El territorio familiar se hace pequeño; se encajona a imagen de los barrancos, hoces y cantiles que antaño asemejaban inconmensurables roquedos. Escucha, dentro de ella, la imperiosa llamada de otros lugares. Su padre, macho dominante, inicia un vuelo de marcaje; pavonea su cetro de poder a los cuatro vientos: Quizás, ahora sea una intrusa y haya llegado la hora de partir. Por última vez, siente, bajo sus garras, la áspera roca del hogar. Salta al vacío del futuro. Apenas oye el " quió - quió " de sus padres. Tras de sí, a cola, la estela de la infancia y de la adolescencia; quizás, alguna plumilla, caída en el despegue, almohadille los sueños de un futuro hermano, víctima o verdugo, siempre reo de la ley de la supervivencia. Aletea con la mirada aguileña enfocada en el amanecer de miles de próximas aventuras. La bandera de la independencia, coloreada de blanco y chocolate, ondea desafiante en el cielo; juega, entre nubes, para sentir sobre su piel emplumada, el tacto del aire, indómito y salvaje; descubre el placer y el éxtasis de las caricias que otorga la libertad. Desfallecerá con la caída de la noche, en el desamparo de una percha de fría roca, escarchada de nostalgia por el hogar abandonado; para renacer de nuevo, al calor diurno del fuego celeste; faro que guiará su vuelo, antorcha que alumbrará los claroscuros y la niebla. Porque el sol ha nacido para ella y recortará su principesca silueta al contraluz de su independencia. Valles, cumbres, serranías y desfiladeros; alfombras de tierra y roca que calzan sus ansias de nuevos territorios.  

  

      El nomadeo del inmaduro ( juvenil independiente que aún no se ha reproducido ) le llevará a conocer una geografía nueva; con los alicientes gastronómicos de la cocina regional, para degustar los platos más comunes, abundantes y menos imprescindibles de la fauna local ( p. ej., en zonas generosas en conejos, marmotas, zorros, córvidos, etc.; depredará, mayoritariamente, sobre éstos ). La característica librea preadulta servirá de pasaporte visual para transitar las fronteras territoriales pertenecientes a otros congéneres. En busca de casa propia, donde formar nido y compartir cazadero con la pareja soñada. Los anuncios de " se vende " escasean y menor la ocasión de encontrar un chollo. El hombre " ese comprador compulsivo " que lo acapara todo; cada vez reduce más el terreno libre, donde anidar un hogar digno; y lo escombra de ruinas urbanas, para " civilizar " la tierra con su ideal de progreso. Acciones que, desgraciadamente, el inmaduro descubre en su viaje. Quizás oyese una voz interna que le precaviera, surgida de la estirpe real de las águilas primigenias, que hablaba de un ser destructor, desplumado y sin alas, capaz de matar por el mero placer de ver derramar sangre; no nacido de huevo, sino de bajo vientre, entre dolor y gritos. Si, día a día, la madurez empluma su cuerpo; todo acto contra Madre Natura enturbia el ansia de descubrir mundo. Por lo cual, harto ya de un peregrinaje de 4 / 5 años, decide bajar el listón de exigencias; al menos, mientras el hombre campe a sus anchas.

   

      Se centrará en la búsqueda de pequeñas parcelas entre los límites de dos reinos reales, ocupados por sendas parejas reproductoras. O emparejarse con una águila enviudada y nidificar las próximas nupcias ( forman parejas mal reproductoras, con pérdidas cercanas a la mitad de la puesta; ejemplo trasladable a otras rapaces ). Si la suerte cae de ala, topará con un buen territorio, libre de dueño, y pondrá, inmediatamente - ¡ y sin cuestionarse qué le sucedió al inquilino ! -, el cartel de " ocupado ". Probablemente hayan pasado un par de años, e incluso sus dos mudas obligatorias de cambio de plumaje, que transforme la librea de inmaduro en la regia de adulto. Años de lucha por un hogar a salvo de la rapiña del saqueo humano. Un pequeño reino, su gran mundo, un territorio montaraz, boscoso e incluso cercano al mar ( amplitud de hábitats, desde zonas boreales hasta esteparias y desérticas ); pero nunca " humanizado ". Ya que prefiere la dureza de los canchales y pastos alpinos, en las lindes de los neveros perennes. O los tórridos campos y roquedos, bajo el sol mediterráneo; a la artificial suavidad de pistas y campos de golf. Estas alteraciones destructivas de su hábitat son guadañas de muerte que cortan sus alas. No es la única herida mortal que sufre: La electrocución ( las torretas forman perfectos posaderos - lugar idóneo para otear -, cuando el águila real aterriza o despega con las alas húmedas - secas le aíslan - puede tocar simultáneamente varias fases, o una de ellas y tierra ).

 

 Intoxicación por venenos y pesticidas ( la atávica maldición del cebo envenenado, muerte indiscriminada y atroz, que derriba, como fichas de dominó, los peldaños superiores de la pirámide trófica; la estricnina - veneno prohibido, desgraciadamente muy usual - provoca rigidez en las patas y arqueo de cuello, al mismo tiempo que convulsiones y espasmos muy dolorosos, hasta tal grado de extenuación, que, agotado,  no puede respirar y se asfixia bajo la crueldad de una lenta agonía; donde el animal siempre está  consciente y torturado por un intenso dolor. El DDT - prohibido en Europa - persiste en la Naturaleza durante años y es bioacumulable: una vez ingerido no se elimina y se " acumula " en la grasa. Y, sin ir a extremos, muchos productos fitosanitarios envenenan la cadena alimentaria, donde todo " componente intoxicador " es acumulativo en mayor o menor medida. En general, afecciones sobre su organismo, la viabilidad del embrión y la blandura en la cáscara de los huevos ); colisión con cables o estructuras metálicas ( muerte, mutilación o herida = infección e inanición ); ejecución a mano de ganaderos y escopeteros ( protegida por la legislación española: Real Decreto 3181 / 1980 de 30 de diciembre ); expolio de nidos ( coleccionismo, mercado negro y cetrería ilegal ) e intromisión en época de celo y cría ( escaladores, fotógrafos, naturalistas, turismo medioambiental, batidas de cazadores, motores, bullicio de gente ...; ruido en general = abandono del nido y muerte por inanición o hipotermia ); taxidermistas y clientes retrógados ... Puñales que, en unas zonas, han conseguido extinguirla y en otras, sangrarla como especie; y truncan su esperanza de vida, 40 / 50 años, con la muerte prematura, para catalogarla con la mudable etiqueta de " interés especial " ( vulnerable en varias autonomías ). Siempre es la mano del hombre quien empuña este acero, enguantada de  codicia, ignorancia o indiferencia. Quizá tuviéramos que recordar cómo tan sólo los emperadores podían usar el derecho de cetrear con ellas, pues eran las únicas manos equiparables en grandeza; digna representante del máximo dios romano, Júpiter. O cómo los pastores kirguises las aman como a un miembro más de la familia y, gracias a ellas, cazan al depredador con mayúsculas de las estepas asiáticas: el lobo. Nuestras manos quizá se alejen de todas ellas: De las ensuciadas por la mácula pútrida de algunos individuos y del guantelete de cetrería que marida águila y hombre; pero pueden cerrar el puño contra quien quiera cortar sus alas y dar la mano a una Naturaleza en armonía, donde el equilibrio entre depredador y presa siga su natural curso. Y el respeto entre el humano y los demás seres vivos - todos hijos de la misma célula en el Big Bang de la Creación -, sea una actitud común y normalizada.

                     

       En otras latitudes existen seres humanos que desearían observar el cielo donde habitan, para admirar la mayestática silueta del águila real. Estéril mirada, ella se entrona en otros reinos. Tan cercanos a nuestros ojos, que basta con levantar la vista hacia el horizonte, para descubrirla y sentir el privilegio de los momentos únicos. Quizá la Gran Señora nos haya elegido y seamos, cada uno de nosotros a pie de tierra, Ángeles de la Guarda que protegan, para siempre, sus plumas.

     Alas de fuerza - velocidad de picado 200 / 240 km/hora - y resistencia - singladuras de 100 / 400 km no lineales - con tres características difíciles de aunar: Ahorro energético, gracias a la superficie alar - casi 230 cm - que le acerca a las aves planeadoras; utilizado en vuelo a vela, ladera y térmicas. Velocidad de ataque, al caer en picado - 200 / 240 km/hora hacia una presa. Y vuelo de crucero, sostenido y resistente, que le permite recorrer grandes distancias - jornadas medias de 200 km, no lineales - . características fruto de su peculiar anatomía, aprendizaje y óptimo aprovechamiento del medio. Su envergadura alar le proporciona un índice de sustentabilidad ( relación entre el peso y la superficie alar y de la cola ) de 1, 9 g/mm en el macho y 2, 2 g/mm en la hembra; con lo cual aprovecha las corrientes térmicas ( columnas de aire que ascienden tras haber sido calentadas por la radiación solar ), para ascender en círculos espirales de gran radio, a 30 / 60 km/hora; y alcanzar la altura de crucero deseada, donde, con la cola a modo de timón, dirigirá el rumbo.

            

      Este tipo de vuelo ordinario compagina la fuerza con el ahorro energético. Si su carroñero vecino, el buitre leonado, ejerce de campeón en las ascendentes espirales de las térmicas; el águila real obtiene el mismo título en los vientos de ladera; pues, no sólo compone la modalidad aérea más aprovechada, sino que juega entre los ondulantes chorros de aire caliente que exuda la piel de nuestras montañas. Las alas curvadas mantienen la presión alta por debajo y baja por encima, para lograr una elevación de altura sin apenas esfuerzo. Remonta y planea con las alas en forma de " V " abierta, en secuencias de 6 batidos de alas y planeos cortos de varios segundos con la cabeza muy visible. La sutileza anatómica recae en la cola y las plumas bastardas - álulas -. La primera: larga, ancha y de bordes redondeados: se abre en abanico, gira y arrumba en 360º, proporcionándole una direccionalidad máxima. Las plumas bastardas imponen la precisión y el dominio aéreo, al dirigir el aire circulante sobre los planos de las alas. Estos rasgos morfológicos forman la base del aprendizaje que - en su etapa de volantón e inmaduro - desarrollará con la experimentación del día a día. Y le encaminará a la madurez, para rizar el rizo y aprovechar, en su beneficio, el medio: bolsas de aire caliente y frío, corrientes, vientos, presión atmosférica, etc. Una experta conocedora del aire que la capacitan para realizar las maniobras de cara al viento; aprovechar las térmicas y los vientos de ladera, para volar a vela - sin esfuerzo - y optimizar el vuelo de crucero. O relampagear como un rayo y fulminar a una presa a 200 / 240 km/hora. Características que la encumbran como la Gran Señora de los cielos.

     

     El vuelo marca el lenguaje territorial, con palabras dibujadas sobre el etéreo papel del cielo. Idioma rapaz que reafirma el amor de la pareja sedentaria, con una querencia fuerte al territorio, 35 / 200 km2 - raramente inferior a 100 km2 - que diferencia en dos zonas: El área de caza, donde puede permitir la presencia de otros competidores, con tal de que el menú no le falte; pues, con el estómago a medias, tiene malas pulgas. Su agresividad se intensificará en cuanto un intruso más se acerque al " territorio de crianza ", la otra zona diferenciada; espacio inviolable que delimitan con señales ópticas, vuelos: llamados de marcaje territorial, toman altura para picar con las alas plegadas en forma de corazón; extienden las alas para ascender en otro punto que delimite su territorio, para reiniciar el picado ( danza similar a la parada nupcial ). Si ambos se explayan en vuelos de marcaje; el macho predomina en cantidad y calidad de pasos; mientras acostumbra a ser observado por su fiel compañera.  


    

      El águila real, reina del aire, cazadora implacable en tierra; es la muerte alada con garras de acero ..., pero también la balanza que equilibra la Naturaleza.
     Admirada por muchos, temida por otros; emblema de poder y tótem de fuerza ensalzado por el hombre desde los albores de la historia. Sus alas dominan los cielos que acarician las montañas; con la liviandad de una pluma danzante en el vacío celeste, y la vehemencia de una ráfaga huracanada. Viento de muerte, nube tormentosa que fulmina rayos de letales garras. Soplo de vida, aliento que equilibra la balanza de Madre Natura. La tierra desearía volatilizarse en vaporosos jirones de niebla, para sentir su paso a través del sutil cuerpo  e impregnarse con su esencia. Tacto que estremece, toque que relampaguea en cada una de las aristas del alma. Camina por las etéreas sendas de los reinos inconquistables, hacia la cumbre que nunca podrá hollar el hombre. Navega sobre níveas olas, en el umbral de la línea del horizonte, sobre un mar de nubes espumadas de grandeza. Vuela al compás de su libre albedrío, sin más dueño que su instinto, ni más presión que los embates del viento. Camina, navega, vuela ...; vive en la armonía de un universo iluminado por el fulgor de Gaia.

     Rey de reyes, coronado en las catedrales de roca; allá donde el silencio se esculpe de arte y, tan sólo, reverbera el eco de admiración del hombre. Como ídolo imitable que proclama la plenitud del animal indomesticable; e imprime, con su huella, sendero a recorrer. Como mito inalcanzable que evoca el deseo de Ícaro, y forja leyenda, lengua de fuego, que alumbra la imaginación y la quimera; como sueño de hombres, como rey de reyes. Reina, dama, señora y hembra de luces y de sombras, única e indómita; carácter rebelde que rehuye las cadenas humanizadas. Rapaz soberana, juez supremo, que gobierna con garras de hierro las leyes de la Naturaleza. Ave real, plumas al viento; la luz recubre de oro su piel morena, para fundirse en la fragua de los espacios abiertos.

     Miel en los ojos, hiel en el pico; mirada aguileña que escudriña el territorio, pues es amiga de las tierras salvajes, libres del yugo humano. Otea con curiosidad cómo nosotros, humildes montañeros, nos esforzamos en alcanzar las cimas que sobrevuela majestuosa ...; que sea una imagen de presente y de futuro.

                      
                

                               Mi agradecimiento y admiración a los fotógrafos de la Naturaleza:

Jacques Bouillerce  Mirassou -  http://www.oiseaux.net/photos/jacques.bouillerce/ 

Jose Luis Rodriguez - http://www.joseluisrodriguez-fotografo.com/

 

 

Nota:  Algunas de las fotografías presentes en esta página fueron tomadas sobre la Web. Si reconocen alguna suya, por favor, díganmelo y pondré el nombre de su autor.


24 Comentarios
Enviado por Quo_aquo el martes 4 de marzo de 2008

“bufffff.. el aguila!! Uno de mis animales preferidos (junto al Lobo!).. y vista con tu info... una delicia...

Un abrazo!

Por cierto Lupus!! jejejej... estos días, con tu permiso... uno de mis pekes, ha usado algo de tu info... pa ilustrar a su clase! :P


Enviado por Esperanza el domingo 17 de octubre de 2010

“Hola, estoy preparando el tema de las aguilas para alumnos de p5 y nos ha salido la duda de como es el excremento de las aguilas. Líquido?, sólido?.... Podrias ayudarme, gracias,Esperanza”
Enviado por Lupus el lunes 18 de octubre de 2010

“Te he contestado por vía privada de una forma más extensa:
No sé cómo deseas enfocar la explicación, pero el águila real evacua ( egestion) los desechos orgánicos de dos formas:
Por la cloaca ( deyección ), expulsa una masa semilíquida – de hecho son heces líquidas - con los compuestos orgánicos residuales, incluida la orina, que le dan un aspecto lechoso y suelen señalar la periferia de los nidos, hecho que delata su ubicación. A este respecto, ciertas aves – no el águila real -, asen con el pico unas bolsas fecales - envueltas en una finísima película -, que emergen de las cloacas de sus pollos como medida preventiva de seguridad y salubridad; gesto que pudiera identificarse y confundir como una defecación, propia de los mamíferos.
Por el pico ( regurgitación ) , a través de unos cilindros ahusados y heterogéneos, llamados egagrópilas – comunes a otras aves, entre las cuales se encuentran las rapaces – de una largura entre 7 a 10 cm. Contiene material indigerible por la rapaz compuesto de pequeños trozos óseos – partes enteras o fraccionadas de cráneos, mandíbulas inferiores, tibias …, de micromamíferos, lagomorfos … - y queratinosos – plumas y pelo, principalmente, junto a lana, garras, picos … -. El contenido de la egagrópila, textura y forma no sólo aporta información de las especies depredadas ( ecología trófica ), sino que identifica – y es rasgo diferenciador – a la propia especie depredadora. Sin ver al ave, podríamos intuir por su egagrópila de quién se trata.
Estas dos formas – deyección y regurgitación – son respuestas biológicas maestras de Mater Natura a un ser que vuela – minimiza el peso - y expulsa partes punzantes, duras, etc., que pudieran causar heridas internas.

Enviado por Herrera el martes 19 de octubre de 2010

“Excelentes fotos excelente blog.

Gracias por compartirlo”
Enviado por Lupus el miércoles 20 de octubre de 2010

“Gracias a tí por tu amable comentario. Las fotografías no son de mi autoría; a parte de los fotógrafos que desconozco su nombre para reseñar su autoría, al final del artículo tienes enlaces que te remiten a dos extraordinarios fotógrafos de la naturaleza donde podrás disfrutar de su obra: el francés Jacques Bouillerce y el más cercano Jose Luis Rodriguez, que, generosamente, cedieron sus imágenes para ilustrar el texto. Ambos, una ventana abierta a Mater Natura y a la belleza.”
Enviado por Ney el lunes 7 de febrero de 2011

“megustaria saber, cada cuanto tiempo, cambiam su plumaje y uñas, y como lo hacen. gracias”
Enviado por Lupus el lunes 7 de febrero de 2011

“Te he contestado por vía privada. Grosso modo: Las uñas de las garras no se desprenden o caen (salvo accidente), ya que son básicas para la caza y, por ende, para la supervivencia de la rapaz. Crecen merced a la queratina, proteína presente también en el pico y las plumas, pero, al no ser retráctiles, sufren desgaste y afilamiento.
La muda real no es simultánea y rápida, sino discontínua (nunca se "caen" las plumas adyacentes, sino que se alternan) y muy lenta; en especial en rémiges (alas) y rectrices (cola), hasta tal punto que puede dilatarse la muda en dos años. Estrategia que, por un lado, "no desarbola" la cobertura que le posibilita desplazarse y cazar; no sufre de hipotermia (en cotas altas la temperatura es muy inferior a la que puedan sobrellevar otro tipo de aves) y minimiza el desgaste energético que implica el hecho fisiológico de la muda.”
Enviado por Viviana el sábado 19 de marzo de 2011

“Me apasionan las águilas.La REAL y La calva son mis preferidas .Me encantó el artículo,EXCELENTE”
Enviado por Lupus el viernes 25 de marzo de 2011

“Gracias Viviana, por ubicación disfruto del vuelo majestuoso de la reina real. Y me gustaría admirar, in situ, de la silueta emblemática del águila de cabeza blanca, el todopoderoso pigargo americano, una de las muchas bellezas naturales de ese hermoso continente.”
Enviado por Papers el viernes 20 de mayo de 2011

“Lupus...una vez más, estupendo artículo!!!! Sigo sin encontrar a nadie que describa tan bien como tú y de esa manera tan peculiar y cercana a estos animalillos!!!!
Siempre es agradecido ver su vuelo!!! confiemos en que esta especie vuelva a "levantar las alas"!!!!

Muchísimas gracias por meterte estos "curres" y compartirlos!!!!! Un abrazo mu fuerte, artista!!!”
Enviado por Lupus el viernes 27 de mayo de 2011

“Un fuerte abrazo Papers y me uno a tus deseos de ver "levantar las alas" de la reina de los cielos; que su majestuosa imagen recorra en gran número la península, para deleite de nuestras pupilas y salud de los ecosistemas.”
Enviado por Sergio Rodriguez Garcia el domingo 29 de mayo de 2011

“Felicidades por tener una pagina tan interesante sobre las aguilas...Reciban mi mas caluroso saludo desde el Estado de Coahuila en el Norte de México, les comento que el día 25 de mayo mi nieta Isabel me regalo una pluma de una aguila real es la cuarta o quinta pluma del extremo de la ala izquierda mide 40 centimetros de largo, le voy a tomar unas fotografías y se las voy a mandar...en estos lugares hay muchas aguilas pero solo las podemos encontrar en las alturas de las montañas. Saludos nuevamente desde el desierto de Coahuila.”
Enviado por Condefer el miércoles 7 de marzo de 2012

“Esta padrisimo y me encantó”
Enviado por Lupus el lunes 12 de marzo de 2012

“Gracias Sergio Rodríguez García y Condefer por sus amables comentarios. México se puede enorgullecer de ostentar al águila real como emblema nacional y animal totémico. En lo personal, me satisface que el amor hacia tan bella rapaz junto al conocimiento y divulgación de la especie, cruce oceános y continentes y no encuentre fronteras... Mirar al cielo, bien en América o Europa, y disfrutar -y compartir- el vuelo poderoso de la "Gran Señora", el águila real.”
Enviado por Limours el miércoles 17 de octubre de 2012

“Muy bueno el artículo.Actualmente, sigo el devenir de lo que creemos, se trata de una pareja de inmaduros.Realizan las nupcias pero no conciben. Comienzan incluso a poner ramitas.Ahora en Otoño, realizan vuelos espectaculares, que imagino, reforzarán el vínculo entre la pareja.El hecho, que uno de los dos...o ambos, parecen estar mudando, ya se dio el año pasado, pues con la otoñada, se dejan ver. A veces a placer.Otra posibilidad, están criando en otra zona y, lo que yo veo, es una hembra con pollo...Lo dicho; gracias por tu trabajo.”
Enviado por Lupus el jueves 18 de octubre de 2012

“Gracias, Limours, por la valoración; asi como por compartir tus vivencias "aguileñas" a pie de campo.”
Enviado por Yorkel el miércoles 6 de noviembre de 2013

“¿¿Cuantas veces bate las alas por minuto??Gracias.”
Enviado por Lupus el martes 26 de noviembre de 2013

“El águila real es un ave planeadora; como buena rapaz aprovecha la dinámica de las corrientes térmicas para maximizar el campeo y minimizar el derroche de energía. No llega a la maestría de los buitres ibéricos pero está muy lejos del constante aleteo del colibrí que bate sus miembros emplumados más de cincuenta veces por minuto...”
Enviado por Pattylu el jueves 21 de enero de 2016

“A que se refiere cuando habla de Aves y dices Inmaduro???Es joven, polluelo o que?”
Enviado por Lupus el jueves 21 de enero de 2016

“El concepto “inmaduro” en un ave incluye al ejemplar subadulto que se ha emancipado de sus progenitores (ha dejado de ser pollo, pichón…) y no es reproductor, muchas veces distinguible a vista por un plumaje diferente a los individuos adultos; circunstancia que le permite no ser identificado como “competidor genético” y, en cierto modo, tolerado. Hecho vital, p.ej., en las rapaces. Dicho de otra forma: primera etapa biológica, desde la eclosión del huevo hasta los primeros vuelos en la plataforma nidal, se llamaría pollo, pichón, etc. Siguiente etapa, juvenil: ejemplar emancipado con plumaje de subadulto y no reproductor. Última etapa de subadulto, inmaduro: ejemplar que podría haber completado su plumaje de adulto (nunca se podría confundir con un ejemplar juvenil) pero que aún no se ha reproducido.”
Enviado por Itzel el domingo 17 de abril de 2016

“Hola! muy buen artículo... oye me podrías ayudar con más información sobre el ojo del águila por favor? como su fisiología..?”
Enviado por Lupus el martes 19 de abril de 2016

“La excelente visión del águila real, además de legendaria y veraz, le aporta a la reina de las rapaces diurnas un arma formidable que la encumbra a la cúspide de la red trófica como máxime depredador aéreo (España). En los ecosistemas ibéricos, junto al lobo, forman el dúo de superpredadores. Joyas ecológicas de una valía impagable que nunca me cansaré de poner en valor –muestra de ello es esta pequeña introducción-. A tu pregunta, mi respuesta: Su sistema visual es el sentido más desarrollado, fisiológica y funcionalmente. Los globos oculares son muy grandes en proporción a la cabeza y de movimiento independiente, pero con una ligereza asombrosa máxime dada su complejidad. Visión binocular en tres dimensiones, con dos fóveas (humano, una) de foso convexo que funcionan como un teleobjetivo que proporciona imágenes precisas y nítidas; y amplía su campo visual lateral al mover la cabeza hacia un lado para fijar la presa con la fóvea central de uno de los ojos; circunstancia crucial en la prospección del área de campeo (aísla objetos para enfocar micromamíferos a un kilómetro o a su pareja a distancias lineales de cinco kilómetros). Extraordinaria agudeza visual (quintuplica a la humana) aportada por una profusión de conos (células fotosensibles, neuronas; nos supera en cinco veces los conos por milímetro cuadrado) que detectan las distintas longitudes de onda del espectro luminoso, percibiendo más colores y matices que los humanos (rojo, verde y azul), destacando la percepción del ultravioleta (UV); así como la detección de las líneas de campos magnéticos y la luz polarizada.Como protección los ojos están escudados por una protuberancia supraorbital, a modo de tejadillo, llamada “ceja” y sus párpados son dobles, uno de ellos traslúcido e interior, llamado membrana nictitante, de movimiento horizontal que humecta, limpia y resguarda sin impedir la visión, idóneos para acciones en vuelo, cebas y caza.Dsisfruta de la belleza, fuerza e importancia ecológica de esta magnífica rapaz...”
Enviado por Itzel el jueves 21 de abril de 2016

“Muchas gracias por la información, una última pregunta ¿Cómo afectan las dos fóveas en su visión? Y sé que hay una temporal no sé que tan real sea, pero si es real que significa que sea temporal? desaparece en algún momento? ”
Enviado por Lupus el viernes 22 de abril de 2016

Gracias a ti, Itzel, por leer mi artículo y confiar en mí. Te contesto a tus dos preguntas: En la primera, las fóveas aportan una visión más minuciosa, pormenorizada y exhaustiva de las imágenes (efecto lupa) de gran agudeza visual. A tu segunda duda; sí correcto, se denomina fóvea periférica o temporal, ubicada en el borde de la retina (la otra se llama central, localizada en el núcleo retiniano, es más común –p.ej., propia de mamíferos, primates, humanos-, compleja y generalizada); encargada de potenciar la visión binocular, precisar aún más si cabe la calidad de las imágenes y ampliar su campo de visión (al frontal se suma la periférica). Un plus extra evolutivo que permite una gran resolución de imágenes, procesarlas con gran nitidez sin importar en qué lugar retiniano inciden los rayos luminosos y calcular distancias junto a continuos cambios en pleno vuelo y acciones cinegéticas. Cualidades y características que no sólo la capacitan para la eficiencia cinegética, sino que la entronan en la cúspide de la predación al abatir a presas peligrosas, otros depredadores y especies de escasa predación (p.ej., reptiles, cánidos –incluido el lobo-, mustélidos, recentales, etc.); donde la ventaja visual es determinante y vital, y equilibra los ecosistemas donde interactúa, fortaleciéndolos. Superpredador aéreo que, junto al lobo http://lupus.madteam.net/articulos/2011-01/lobo-ibrico-canis-lupus-signatus/ , garantiza, custodia y regula la vitalidad de Mater Natura. Alegrémonos de verlos campear por los espacios naturales ibéricos; disfrutemos del presente del águila real y el lobo; y, en conciencia, démosles, como especies, un futuro vital para deleite de las nuevas generaciones, preservando nuestro patrimonio natural.”


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