viernes 21 de noviembre de 2008, 15:30:28
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RANA PIRENAICA - Rana pyrenaica -
Clase: Anfibios.
Orden: Anuros.
Familia: Ránidos.
Género y especie: Rana pyrenaica, baso – igel piriniotarra, rana pirenaica, grina
pirinenca, Pyrenees frog , grenouille des Pyrénnées.
Alimentación: Carnívora.
Hábitat : Torrentes, arroyos de montaña, aguas libres.
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Reliquia de la Era Glaciar, con antepasados en la Cordillera del Himalaya; revolucionó la curiosidad de los herpetólogos al ser descubierta en 1990 por Jordi Serra, doctor en biología del Instituto Pirenaico de Ecología; para describirla y nombrarla oficialmente en 1993 ante la comunidad científica ( un siglo sin novedades, ya que desde 1891 no se había descubierto un nuevo batracio europeo ), como Rana pyrenaica, una pequeña ranita, mimetizada entre los guijarros de las aguas rápidas del río Ara ( Bujaruelo, junto al límite del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ).

Un diminuto endemismo pirenaico - navarroaragonés - del grupo de las ranas pardas ( ágil o R. dalmatina, ibérica o R. patilarga y bermeja o R. temporaria. Se diferencian de las ranas verdes – R. perezi o común - en su discreción al croar, ojos más separados y máscara oscura ocular ) que tiene su límite septentrional en los húmedos bosques de Irati ( vertiente francesa correspondiente a Zuberoa y Baja Navarra: Pirineos Atlánticos ), y por el sur en la Sierra de Cancias ( Huesca ). La frontera occidental se ubica en los valles orientales navarros de Aezcoa, Roncal y Salazar, hasta su otro extremo, en el Pirineo Central ( Ordesa, Escuaín, Añisclo y curso alto de Pineta ); en altitudes medias entre 1.000 / 1.800 m ( en Navarra como cota inferior a 790 m; y máxima en Ordesa, a 2.100 m ).

Para poder observarla hay que buscar aguas libres ( especie torrentícola ) de fondos pedregosos. El típico arroyo de montaña ( llamado en Navarra, “ regata ” ) de la cabecera de valle y tener una vista aguda; pues a su pequeño tamaño – 3,5 / 5, 5 cm, mayor la hembra – hay que añadirle su mimetismo con el entorno, gracias a su aspecto:
Máscara facial en castaño oscuro, desde las narinas hasta detrás de unos bellos ojos dorados. Hocico corto y redondeado; con presencia, en el labio superior, de una franja blanca extensible desde la altura de las narinas hasta el final, o más allá, de la mancha temporal. Este contraste en blanco y castaño oscuro logra un efecto de sombra que aún mimetiza más el rostro. Pero el premio al camuflaje se lo lleva su uniforme: fino, liso y de textura viscosa. Los machos lucen una coloración difuminada, en tonos crema claro a gris oliváceo y, en menor medida, rojizos que, acostumbra a ser, el color preferido de sus damas pirenaicas; ambos sexos con un diluido diseño oscuro apenas perceptible ( a modo de tatuaje pardo oscuro, muy común entre las ranas pardas). Todo lo contrario que sus amplios zapatos, grandes; con más aspecto de voluminosas raquetas que de estilizados pies de gato. Si fuera purista, diría que la membrana interdigital – muy desarrollada y fina – abarca a los 5 dedos ( pata trasera; en la delantera son 4 y libres, sin membrana ), a excepción de la región distal del cuarto dedo – el más largo-. Unida a la articulación tibio-tarsal, que llega o rebasa a la altura del hocico ( una de las claves para distinguirla de otras especies).

En su cabeza – más ancha que larga – sobresalen – por sus contrapuestos tamaños – dos órganos: un minúsculo tímpano ( máximo 2 mm de diámetro; inapreciable, pero capaz de distinguir los matices del suave croar de sus congéneres ) y unos ojazos dorados de pupila oval, más globosos que saltones, verdaderos rádares del movimiento en perjuicio del color y las formas; protegidos por dos párpados: el superior, inmóvil y opaco; el inferior, transparente, que se pliega para recubrir el globo ocular cuando se retrae; más la membrana nictitante – llamada tercer párpado –, protección que le sirve para mantenerse, mucho rato, debajo del agua sin afectarle a su visión. Al carecer de cuello, lo compensa con una garganta generosa ( las malas lenguas cuchichearían sobre una papada gigantesca ) con motas de tímido gris, casi blanco sucio, que – bastante más claro - colorea su vientre.

Éste almacena toda clase de bichejos que su amplia boca engulle , gracias a sus dos enormes espías oculares; ya que, a través de la vista, caza al rececho a los invertebrados que se muevan, pues es el movimiento la clave para predar sobre ellos.

Aunque carece de paladar, se relame de gusto ante cualquier invertebrado de la microfauna torrentícola ( gusanos, gasterópodos, efémeras, plecópteros, libélulas, tricópteros, saltamontes, dípteros ... ) que atrapa con su lengua protráctil o en un salto con la boca abierta ( al no proyectar la lengua – curiosamente, situada en la parte bucal anterior, para ganar alcance -, la utiliza como órgano adherente ).

La presa es tragada sin masticar ( las ranas tan sólo tienen unos dientecillos en el maxilar superior, cuya funcionalidad facilita la deglución ). Al carecer de paladar, los ojos - cerrados y retráctiles - se hunden en la cavidad superior bucal, para presionar el alimento e introducirlo en el ancho esófago ( en forma de embudo ) y pasar directamente al estómago, baúl musculoso y ecológico, donde los “ molestos insectos ” se transformarán en beneficiosos nutrientes ( casi un 50 % de proteína de óptima asimilación ). Actividad más intensa en los luminosos días veraniegos, donde la abundancia de presas satisfacen su voraz apetito.

Con el otoño, esta labor insecticida de gula gastronómica se adormece en la monotonía de tan sólo unos pocos bocados que permitan no perder la costumbre; quizá como preludio al sueño invernal. La disminución de horas de luz, el frescor y alguna nevada tempranera de cualquier día de octubre a noviembre, marcan el inicio de la latencia invernal ( procesos corporales atenuados, donde únicamente respira a través de la piel - la respiración cutánea corresponde a más de 2 / 3 de la total; hecho, entre otras cosas, que le permite una vida casi acuática - ).

En donde – en compañía de otros congéneres – buscarán un hueco que les permita apelotonarse para minimizar los estragos del crudo invierno pirenaico ( aunque la superficie del agua se congele, en el fondo no baja de los 4º C y siempre su temperatura interna se elevará un grado por encima de la ambiental; son animales ectotermos que obtienen el calor – termo – del medio externo – ecto -). A buen recaudo de estos rigores, soñarán con días cálidos y rebosantes de sabrosos insectos, hasta que la temperatura del agua funcione como despertador biológico, una vez entrado el mes de febrero.

Tras el despertar - y, ya las funciones corporales normalizadas -, el instinto reproductor busca pareja. Todo aquel miembro de la comunidad de ranas pirenaicas, en edad casadera, se coge unas vacaciones para mostrar sus encantos a la concurrencia. Las citas son en lugares de dominio común: pequeñas pozas o remansos de aguas someras, donde no circule el agua con excesiva intensidad, protegidos por la rocalla. El macho se pavonea al enseñar sus potentes antebrazos, junto a las callosidades nupciales - de color amarillo – en el primer dedo de la mano ( sumun viril en la erótica de los anuros – anfibios sin cola - ); ante la admirativa mirada de ojos saltones de la enorme hembra ( comparativamente mayor, ya preparada para la reproducción ), ilusionada al ver a su galán “ chiquito pero matón ” .

El acto amoroso ( llamado amplexus ) carece de la musicalidad cantora de otros batracios ( su croar es corto y seco: ruá – ruá – ruá ) y de las danzas nupciales de otras especies animales. El macho es novio de pocas palabras, partidario del dicho:
<< ¡ Aquí te pillo, aquí te ... ! >>; pero su falta de romanticismo la suple con su gran ardor sexual. Tal puede ser su querencia reproductiva, que no es raro visualizar el acoplamiento de varios galanes sobre la sufrida espalda de una hembra ( al revoloteo de las hormonas que nublan la vista, se suma la mala precisión visual de colores y formas ). El mejor posicionado patalea con furor a los rivales, para quitárselos de encima. El frezadero ( lugar del desove ) está muy concurrido, para ser utilizado como lecho de amor, cama de parto y cuna de cría. La hembra – receptiva y con el vientre engrosado – acepta el acoplamiento. El amplexus es axilar, es decir, el macho se monta sobre la espalda de ella; en un fuerte achuchón con sus musculosos antebrazos, afianzado con las amarillentas callosidades nupciales que evitan cualquier deslizamiento. Su peso y el enérgico abrazo ejercen tal fuerza sobre el voluminoso vientre de la rana, que, ésta, cede a la presión para comenzar el desove en pequeños racimos de huevos negros ( color que maximiza la radiación solar ). Simultáneamente, el macho rocía con su esperma las consecutivas puestas ( fecundación externa ), hasta un máximo de 140 / 150 huevos. Negros, gordos y grandes ( como adaptación a las corrientes rápidas, son los de mayor tamaño y peso entre las ranas pardas europeas, pues superan los 3 mm de diámetro ); envueltos en una masa gelatinosa ( materia viscosa que lo aísla del frío y ejerce funciones protectoras contra depredadores, bacterias y hongos ) que se hincha en contacto con el agua – 8 mm -, para permanecer en el fondo adheridos a la rocalla. Los huevos, huérfanos de padre y madre ( el macho tras el amplexus abandona a la amante, y ésta se desentiende de la postura ), quedarán bajo el gélido tutelaje de las aguas de febrero ( zonas de mayor insolación ) hasta abril ( fecha en las zonas más frías ).

Si la superficie se helase, aguardarán aislados en su “ casa gelatinosa ”, para asomar la cabeza ( ¡ que es mucho, tratándose de renacuajos ! En las distintas lenguas pirenaicas donde se ubica, recibe apelativos irónicos al volumen de su sesera: cabezón, cuchareta, samaruco, txalburu o zapaburu ) en cuanto mejore el tiempo, pues es la climatología quien marca el desarrollo embrionario; si no son plato de sus depredadores: tritones, insectos acuáticos y, ocasionalmente, truchas ( la rana pirenaica busca arroyos que no estén colonizados por ella; las repoblaciones del salmónido depredan a la especie en todos sus estadios ).

Tras varias semanas eclosionan ( más a menudo de lo que quisieran en aguas no superiores a 4 º C ). El cabezón ( nunca mejor dicho: cabeza y tronco unidos, con forma de globo ); es negruzco, punteado en dorado y apenas excede del centímetro de longitud ( longitud máxima en la etapa larvaria de 13 a 22 mm ). La cola mayor que el cuerpo, musculosa, aplanada lateralmente y de extremo romo; a diferencia de otras especies, no es transparente ( adaptación al medio ). Se mantiene en el fondo, adherido a la rocalla – gracias a las ventosas bucales de la barbilla -, aunque puede nadar contracorriente . Al principio no se alimenta, ya que le basta con asimilar los nutrientes de la membrana del huevo. Como buena larva acuática ( la fase más parecida a un pez, origen de los anfibios ) respira a través de las branquias externas que – en una segunda fase – desaparecen en favor de las branquias internas, recubiertas por piel ( opérculo ) que comunican con el exterior por un orificio ( espiráculo, rasgo diferenciador para la clasificación entre diferentes especies ).

Al principio su alimentación es vegetariana ( algas, detritus vegetales, fitoplancton ), pero, conforme se acortan sus intestinos ( los animales carnívoros tienen los intestinos – delgado y grueso – 3 veces el largo de su cuerpo; los herbívoros de 10 a 12 veces; en los humanos mide 8 metros y medio ), se adapta al régimen carnívoro ( zooplancton, amebas y larvas ); pues la metamorfosis requiere un gran aporte de proteínas y los torrentes pirenaicos, más que abundantes ultramarinos, son despensas de avaro ( desde el punto de vista trófico, supone la cara negativa de las bucólicas aguas de montaña: cuanto más puras, menos nutrientes suministra ). Para ello utiliza una boca / pico ( o disco oral, integrado por 4 filas de dentículos córneos en el labio superior y 4 en el inferior ) que, como una cosechadora, siega sus parcelas de agua en busca de alimento. Gracias a este régimen pasará distintas fases larvarias: branquias externas, branquias internas, patas posteriores, patas delanteras, reducción de las branquias y desarrollo de pulmones, reabsorción de la cola ( pertenecen al orden de los anuros = sin cola ); y, después del verano, una nueva generación ranera con una esperanza de vida de 5 a 10 años.

En apariencia igual que sus padres, pero la rebeldía de la adolescencia le hará oponerse al conservador gobierno del Torrente ( los padres en raras ocasiones salen del agua, y, en tal caso a pocos metros de la orilla; siempre por causas importantes: p.ej. termorregulación ); para buscar nuevos horizontes, donde la utopía de Aguas Libres, sea una realidad de futuro.
Y éste es el gran problema: no existe futuro para ellas. El “ Cambio Climático ” , la bestia alimentada por la mano del hombre moderno, engulle, uno tras otro, a los hijos de Madre Natura. Su plato favorito: los anfibios que, al ser los primeros vertebrados en pisar tierra, diversificaron la vida – incluida la especie humana -. Irónicamente, se convierten en víctimas de la acción del hombre; ciego e incrédulo ante una premonición apocalíptica, quizá capaz de aniquilarnos a todos.

Si en la mitología egipcia, la rana simboliza la resurrección, el nacimiento y la fertilidad al encarnar a la diosa Heqet, que ayudó a Isis a recomponer el destrozado cuerpo de Osiris, para insuflarle el hálito de la vida; y asiste, todos los amaneceres, al parto del sol, para dar el soplo vital a cada recién nacido. Hoy, paradójicamente, esboza una borrosa imagen de muerte sin retorno, que se diluye entre las humaredas contaminantes y tórridas de una sociedad insostenible que se devora a sí misma.
El imago de rana pirenaica ( ranita juvenil ) campeará – que, tratándose de esta especie, es exagerar mucho; dada su querencia al arroyo – ajena a esta injusta sentencia de muerte, con toda la ilusión puesta en un mundo mejor.

Más allá de las Aguas Libres, en la cabecera del valle, donde el terreno calizo le proporcione hogar y laberintos en los cuales refugiarse; donde el cielo llore con una intensidad superior a 1.100 mm anuales, para engendrar aguas frescas y oxigenadas, que naveguen en libertad. Una sociedad para compartir con el tritón pirenaico ( Euproctus asper , 84 % de coincidencia de nicho ecológico ), pero ausente de la voracidad de las truchas y de las cautivas aguas estancadas.
En Navarra, la realidad limita su hábitat al piso montano, serpenteado por las regatas de los hayedos y, en menor medida, de los abetales y bosques de pino albar; con un rango altitudinal por encima de los 790 m y una pluviometría superior a 1.100 mm anuales ( disminuyen los núcleos raneros al menguar la humedad y los arroyos ), siendo la población global más reducida, para catalogarla de “ interés especial ”. Las mejores condiciones del norte oscense ( en especial Sobrarbe ) amplían los hábitats – dentro del status de “ vulnerable ”- , para obtener la capitalidad en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido; quizá como justo homenaje al descubridor de esta especie, Jordi Serra.
Si la diversidad y abundancia de anfibios indican una buena salud medioambiental ( por la permeabilidad de su piel que, simultáneamente, capta el oxígeno y la humedad, junto a los posibles agentes contaminantes ) y es valiosa moneda que enriquece los ecosistemas. Su degradación o alteraciones, muestran la otra cara: sequías, periodos fríos en la estación reproductora, eutrofización, represamiento, agentes contaminantes y repoblaciones trucheras; en definitiva, destrucción del hábitat.
La espada de Damocles, afilada por el cambio climático, pende sobre la cabeza de la rana pirenaica. La cuerda que la une al futuro se quemará, como mecha prendida, calcinada por la elevación de las temperaturas.

La peculiar exclusividad de su piel ( fina, húmeda y con muchos vasos sanguíneos, para facilitar la respiración cutánea ), tan permeable y generosa, que hospeda en sus entrañas a nocivas dosis de gases, iones y radiaciones ultravioletas ( el ADN celular se daña y provoca mutaciones y extinción ). Indeseables inquilinos, que pagarán la acogida con la muerte . La oscura máscara de la impasibilidad del verdugo que, año tras año, ahondará en la herida con las armas invisibles de un cielo tórrido e implacable ... Unos dicen que 30 inviernos, los optimistas que 50 primaveras; todos coinciden en que para esta sentencia asesina, ni existe apelación ni indulto.
No sé si pudiera haber alguna muerte justa; pero de las muchas indignas, ésta, a todo amante de la Naturaleza, le arranca una lágrima.

miércoles 18 de junio de 2008, 15:31:48
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Sirva, a grandes rasgos, el artículo anterior de la víbora aspid como patrón biológico. Y aclarar la inclusión de la víbora europea ( no está ubicada en la Península Ibérica ), como ficha informativa, para los compañeros que pudieran disfrutar del resto de las montañas de Europa.
VÍBORA EUROPEA - Vípera berus, vipère péliade, european viper, kreozotter ...

Es una especie que no habita dentro de la Península Ibérica. La confusión viene dada por la denominación antigua - naturalista francés Lataste, año 1879 - de la víbora cantábrica ( actual, V. seoanei ) llamada Vipera berus seoanei, que obtuvo rango de subespecie e independencia taxonómica en 1976.
Es la víbora que más soporta el frío, circunstancia que le ha permitido colonizar Europa, en zonas de turbera y tan septentrionales como el Círculo Polar Ártico ( paralelo 67 . Norte de Escandinavia), o las frías tierras siberianas ; desde el nivel del mar ( llanuras francesas e italianas ), hasta la alta montaña ( Alpes, en cota 3000 m ). De tamaño superior en cotas bajas ( en llanura pueden llegar a medir el doble que en montaña ), raramente supera 70 cm, menor en 10 cm el macho. De colores muy variados: crema, amarillo, castaño, verde; aunque, usualmente, presenta librea grisácea, marcada por una línea oscura en zigzag. En la hembra destaca bastante menos el dibujo ( matiz amarillento oscuro ) sobre tonos rojizos y, en menor medida, dorados. Hocico plano; iris rojizo, con dos hileras de escamas entre éste y la boca. De ambiente más crepuscular y nocturno que sus primas, al tolerar mejor el descenso térmico. Excelente nadadora. Latencia invernal de últimos de octubre a marzo ( en latitudes muy septentrionales se han localizado " bolas de serpientes " de más de 500 individuos ). Celo en abril / mayo; y partos a últimos de agosto / principios de octubre, con camadas de 4 / 15 viboreznos ( raramente llegan a 8 en montaña ); ± 18 cm y peso 4 g; independientes. Madurez sexual 4 / 5 años.
VÍBORAS IBÉRICAS

VIBORA CANTÁBRICA o DE SEOANE
Vipera seoanei, kantabriar sugegorria, víbora gallega, vipère de Séoane.

Catalogada hasta 1976, como una subespecie de V. berus o europea; recibe tal nombre en honor al naturalista gallego Víctor López Seoane. Hoy se considera especie endémica de la Cornisa Cantábrica con dos subespecies: V. seoanei seoanei ( pocas escamas ventrales, 137; librea de color castaño en ambos sexos , con ejemplares albinos; localizable en altitudes bajas - praderas, claros de bosques, monte bajo ...-, raramente superiores a 700 m ) y V. seoanei cantábrica ( más montaraz, 700 / 1.900 m , en bosques caducifolios, turberas y matorrales, desde el este montañoso de Galicia, norte de León y SO asturiano, hasta la Cantabria Occidental, geográficamente es víbora de interior. Mayor número de escamas ventrales, 143 en hembras; con librea gris, en machos, y castaña en las hembras; presente con bastantes ejemplares melánicos, sobre todo, en montaña . Comparativamente: veneno más potente - si bien su toxicidad es de las menores de las víboras ibéricas -, dibujo dorsal más ancho y escamas cefálicas más fraccionadas ). Ubicada desde Galicia y norte de Portugal, oeste de Zamora, toda la franja cantábrica - por el sur: norte de León, Palencia, Burgos, Álava -, hasta el SO francés - Lapurdi y Baja Navarra - y NO de Navarra donde la climatología atlántica - temperaturas suaves de inviernos templados con veranos cortos y húmedos - limita la presencia de otras especies. De hocico redondeado ( respingón en V. aspid y muy prominente en V. latastei u hocicuda ); su longitud es la menor de todas , ± 40 cm. Pupila elíptica en iris dorado y librea en tonos pardos rojizos y, generalmente, castaño grisáceo; dibujos dorsales con manchas oscuras ladeadas en la línea media, que se unen en la zona posterior para encadenarse en zigzag. De las especies ibéricas, es la que más gusta de hábitat con protección vegetal. Latencia invernal desde mediados de octubre hasta mediados de marzo; celo de abril a junio y madurez sexual de 3 años, en machos, y 5 años en hembras. Ovovivípara con partos de poca camada, 3 / 9 viboreznos, si bien su ciclo reproductivo puede ser anual, en función de climatología benigna. Poco longeva, 10 / 15 años y con mucha mortandad ( numerosos depredadores y destrucción de hábitat - fuego, pistas, construcción, intensificación agraria ... - ).

VÍBORA HOCICUDA
Vipera latastei - víbora fociñuda, escurçó, sacre.

Nombre en honor del naturalista francés Lataste. Endemismo ibérico y norteafricano que tiene su límite septentrional en la franja norteña, al perder su climatología mediterránea ( límite Orense donde se han avistado ejemplares de V. latastei y en el Prepirineo más cálido y seco, desde la muga navarroaragonesa hasta Gerona, con poblaciones muy escasas ); ubicada en el Sur de Galicia y de las cordilleras Cantábrica y Pirenaica; para llegar por el sur a ambientes semiáridos del Magreb ; desde el nivel del mar, a pie de duna, hasta matorrales de montaña, no superiores a la cota 1.300 m ( excepción en Sierra Nevada que alcanza cotas cercanas a 2.800 m, y 2.000 m en la zona del Rif ); pero siempre en terreno con defensas donde refugiarse. De tamaño mediano 50 / 75 cm, el macho mayor que la hembra; fácilmente distinguible por su cuernecillo nasal de 5 escamas y 3 hileras de ojo a boca. Pupila vertical en iris dorado. Librea gris y, en menor porcentaje, parda, amarillenta, rojiza e incluso melánica ; con escamas muy carenadas ordenadas en 21 filas y dibujo dorsal de forma romboide en zigzag, coloreado en gris oscuro o, minoritariamente, en pardo, siempre con bordes en negro; vientre grisáceo a negruzco y punta de cola, amarillenta o negra. Los machos presentan una coloración más oscura y contrastada que las hembras. Dos escamas prenatales. Latencia invernal de octubre / noviembre hasta marzo, con periodos intermedios de actividad más abundantes que las otras especies ibéricas. Ciclo reproductivo en primavera y otro menor en otoño; con una madurez sexual de 4 años, en machos y 5 años en hembras; longevidad entre 9 / 14 años. Ovovivípara con partos bianuales ( ocasionalmente anuales ) desde la última quincena de agosto hasta octubre, con camadas de 8 / 10 viboreznos. Diurna, pero de costumbres más crepusculares que sus primas, puede trepar a matorrales y arbustos ( sobre todo en verano, para huir del calor estival ), donde una hipotética mordedura puede localizarse en zonas más vitales, si bien la toxicidad de su veneno es la menor de las especies ibéricas. Aunque goza del mayor hábitat peninsular, su población disminuye alarmantemente a causa de la acción destructiva del hombre; catalogación de " casi amenazada ", con poblaciones muy reducidas en Portugal, donde, a parte de las causas generales, es cazada como amuleto para la venta. Existen dos subespecies: V. latestei gaditana, presente en el sudoeste español, norte africano y centro - sur portugués; 135 / 147 escamas ventrales; es la más pequeña. Y V. latastei latastei, resto de extensión geográfica; 122 / 138 escamas ventrales, siendo las cefálicas muy fragmentadas.

MORDEDURA
Quizá sea el hecho que, como montañeros, más nos preocupe en relación con las víboras. Las mordeduras son poco frecuentes ( entre abril y octubre, máximo en la canícula, julio y agosto ) y, en función del lugar geográfico de tránsito, donde haya poca visibilidad en el momento de pisar, actuaremos con mayor cautela (V. seoanei o cantábrica: sotobosque, helechales, praderas y brezales; V. aspis: prados y tasca alpinos, canchales, oquedades y roca en general; V. latastei u hocicuda: matorral - ¡ ojo, trepa para evitar la radiación calórica del suelo, y su mordedura puede alcanzar partes vitales o más cercanas al corazón, si bien su acción venenosa es pequeña ! y zona vegetativa cerrada en general ). Botas de caña alta; el bastón es una extensión nuestra que tantea el suelo ( a modo de un invidente ), siempre por " delante ", para cualquier acción ( el radio de ataque de la víbora es inferior a 20 cm ); y patear - ¿ os acordáis de que sienten las vibraciones del suelo ?- para que se aperciba y huya ( es lo habitual; ni persigue ni acecha al hombre, únicamente atacaría en el caso de ser pisada, tocada o agredida ). Si en el grupo viniera alguna persona de mayor riesgo ( niños, ancianos o personas debilitadas ) irían detrás o en el medio, mejor protegidos. No descansar en zonas propensas a ubicar víboras y, en el caso de hacerlo, no dejar la ropa o la mochila abierta en el suelo. Siempre el sentido común, junto al bastón por delante; con todas estas precauciones lograremos evitar, en gran medida, un encuentro infortunado con ellas.

Imaginemos que lo hay y hemos sido mordidos ... Tendríamos que observar la zona de piel agredida y ver si hubiera dos ( o una, pues la mordida puede ser de lado, en la cual sólo penetra un colmillo ) agujeros , 2 mm, que distan más de 6 mm entre sí, junto a otras menores, muy juntas ( que a veces no son perceptibles ). O se trata de pequeñas señales dentales en forma de herradura que son de culebra, nunca de víbora ( Natrix maura o culebra viperina, imita a ésta, si bien es inocua e inquilina de charcas y ríos, en cotas inferiores a 1400 m; junto a otras dos especies: Macroprotodon cucullatus o culebra de cogulla y Malpolon monspessulanus o culebra bastarda que poseen los dientes venenosos en la parte posterior de la boca - opistoglifas - y apenas tienen capacidad inoculadora para el hombre; ambas de ambiente seco y soleado de clima mediterráneo ). Personalmente no soy partidario de la captura - ¡ de matarla ... ya, ni hablamos !- pues implica un estrés innecesario para ambas partes ( si lo realiza el accidentado es la peor medida que ejecuta - aceleración del sistema circulatorio ... - y, si es un compañero, acomete un riesgo evitable; además de portar una bomba de relojería, propensa a accidentes ) y la identificación de la especie por hábitat y lugar geográfico es fácil, un poco más dificultoso en el caso de " fronteras naturales ".

Creamos que es una mordedura de víbora ( las europeas son las de menor toxicidad y, dentro de las ibéricas, la víbora aspid la más tóxica, seguida de V. seoanei y, menos tóxica, V. latastei u hocicuda; afortunadamente, esta última es la responsable de la mayoría de accidentes, seguida de la V. aspis y , por último, V. seoanei). De un 30% hasta un 50% de las mordeduras son sin inoculación venenosa, llamadas mordeduras en seco ( estrategia intimidatoria que, como el siseo - primera reacción defensiva - ejecuta ante un oponente grande, para reservarse de cara a una presa " digerible" ). La primera actuación es tranquilizar y sentar al herido, que no realice ninguna actividad; e intentar evacuarlo ( llamada a Urgencias 112, desplazarse un compañero para buscar transporte ...; lo que el sentido común y el lugar nos indiquen ). El veneno de las víboras ibéricas es de tipo hemotóxico, que son de acción más lenta , con lo cual hay un periodo de ± 6 horas anterior a un posible agravamiento. Simultáneamente, ocuparse del herido; dejar la herida visible, sin ningún objeto cercano que pudiera oprimir ( hinchazón ); inmovilizar el miembro afectado y bajarlo con relación al nivel del corazón. Lavar la herida ( agua, jabón y agua oxigenada; no es aconsejable desinfectantes que pudieran teñir o irritar más la zona, de tipo yodado ). Sentirá dolor intenso, sobre todo en la zona inoculada; aparición de cardenales. Efectuar un torniquete sería peligroso, ya que implica más riesgos que beneficios; no sólo por cómo realizarlo ( ocluir los flujos linfáticos y venosos sin detener el arterial ), sino que, una vez retirado, el veneno junto a los productos tóxicos derivados de la acción en los tejidos, súbitamente irrumpen en el torrente sanguíneo y pueden provocar un colapso. Las pequeñas hemorragias se extienden. Edema; zona muy amoratada que da sensación gangrenosa. Puede ingerir agua ( de hecho, sentirá gran sed ) y analgésicos - paracetamol -, nada de alcohol ni aspirina ( respectivamente, excitante - vasodilatador y contiene salicilatos ).Ya en una segunda fase: sufrirá náuseas con vómitos, dolores abdominales, diarrea, debilidad general, sed intensa y frío periférico ( a ser posible dar líquidos calientes - no excitantes - y abrigarlo ) hipotensión, taquicardia y alteraciones neurológicas ( dolor de cabeza, mareos e incluso convulsiones ), insuficiencia renal, hemorragias ( puede orinar rojo por hemólisis ), shock y coma...

Toda esta sintomatología - no apta para hipocondríacos - es general y teórica; más usual en la primera fase y en función de muchos factores: edad, peso y salud del herido; zona de la inoculación ( duplica la gravedad: cabeza, cuello y tronco ); especie y su estado ( V. aspis, la más tóxica con 35 mg como dosis letal mínima); cantidad inoculada ( desde cero mg, correspondiente a una mordida seca - con posibilidad de efectos sugestivos que deriven en síntomas reales -, hasta 50 mg ) y duración temporal entre el accidente y la atención médica... que es " importantísima ".
De hecho es el profesional sanitario quien evaluará la situación: Grado cero ( sin envenenamiento: mordedura seca. Limpieza y desinfección, ya que la boca de la víbora está muy infectada - tétanos, pseudomonas, salmonellas, streptococcus, etc.- ); grado I ( envenenamiento leve: dolor y edema circunscrito a la herida. Cura ambulatoria ); grado II ( envenenamiento moderado: edema en proceso de expansión acompañado de náuseas, vómitos, hipotensión. Observación médica durante 24 horas y, excepcionalmente administración del suero ofídico) y grado III ( envenenamiento grave: edema extensible al tronco con alteraciones neurológicas, renales y hematológicas que pueden derivar en un shock hemorrágico. Suero ofídico y hospitalización. El médico decidirá si es conveniente la administración del suero ofídico; normalmente en mordeduras de grado III o grado II, con sintomatología muy acelerada ( no se administra siempre, ya que existe riesgo de provocar una reacción anafilática - reacción alérgica severa -; y este suero es de dos tipos: monovalente, o específico para una determinada especie que produce menos reacciones; y polivalente ).

Este antídoto se elabora gracias a la colaboración de animales. En primer lugar de las víboras, que donan - con la ayuda de mano humana y creo que sin mucho entusiasmo - dosis de su tóxico líquido, que se inyecta, en pequeñas cantidades, en cuerpos de caballo ( mayor de 3 años, utilizado por su gran volumen sanguíneo y facilidad de manejo ) o, en caso de alergia a las proteínas de éste, en ovejas. El sistema inmune del animal inyectado actúa a lo largo de los días: produce anticuerpos para neutralizar el veneno, fabrica la antitoxina. Se extrae sangre " inmunizada ", para separar el suero y obtener los anticuerpos ... Ya está el antídoto que puede administrarse en humanos.

Usualmente y según criterio del médico, se inocula en el herido una pequeña cantidad para comprobar que no se produce una alergia al mismo y, posteriormente, la dosis necesaria. Las muertes son mínimas, 3 / 5 fallecimientos anuales ( tan sólo por picadura de abejas, fallecen 15 / 20 personas en España ), casi siempre, por falta de asistencia médica y pertenecer al grupo de mayor riesgo ... Un escaso 1 %.
El miedo, los prejuicios, la ignorancia ...; forman ponzoñosos colmillos que envenenan la existencia de las víboras ibéricas. No son angelitos de la guarda, pero tampoco demonios. Sí, seres vivos como los humanos; quizás equiparables a nosotros, pues, unas veces hacen el bien y las menos causan daño. Veneradas y satanizadas, casi siempre incomprendidas .
¡ Dejemos que, libremente, repten su camino ...!
