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Thursday 10 de January de 2008, 15:18:04
MONTE PERDIDO - ORDESA I -
Tipo de Entrada: RELATO | 4 Comentarios | 2105 visitas

Pamplona se divertía entre luces de neón ...

El río saltaba de grada en grada, espumaba en blanco su ímpetu viajero ...
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El río saltaba de grada en grada, espumaba en blanco su ímpetu viajero ...
parecía una fortaleza  rodeada de varias murallas ...
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parecía una fortaleza rodeada de varias murallas ...
mano y piedra notaban la querencia; estaba tan pegado a Tripu ...
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mano y piedra notaban la querencia; estaba tan pegado a Tripu ...

 

     Pamplona se divert√≠a entre luces de ne√≥n y las risas de los noct√°mbulos, preludio de la juerga con may√ļsculas; ol√≠a ya a Sanfermines. El esp√≠ritu festivo del blanco y rojo, se aletargar√≠a de madrugada con la brusca realidad del buzo de faena y la corbata anudada al cuello: uno de los muchos rostros de la vieja Iru√Īa.
     Tripu me recogi√≥ en la puerta de casa, junto a la farmacia, como si √©sta fuese antesala de mi √°nimo, y un madrug√≥n de << ¬° Rec√≥geme a las 3 de la ma√Īana !>>, √ļnicamente lo dice un idiota.
- ¬° Javier, pareces un zombi ! ‚Äď dijo, entre risas, Xabi, el tercer hombre.
- ¬° Calla y no me des ideas, que te muerdo ! ‚Äď contest√©; m√°s que nada para sacudirme un poco la modorra.
      El focus, veloz, con una prisa de cien galgos, vomitaba al maletero los minutos: Yesa, Jaca, Biescas ..., sumaban d√≠gitos en el cuentaquil√≥metros. El est√≥mago discut√≠a con el caf√© por el amor de N√°useas. Yo, infeliz amasijo de carne mareada, pretend√≠a esconder, como ruin avaro, mis tesoros; pero la m√ļsica a tope de Iron Maiden, la velocidad supers√≥nica y las interminables curvas formaban morrenas de grandes bloques inc√≥modas de transitar.
     La carretera nos engull√≠a como boca de serpiente, larga y sinuosa, con mand√≠bulas de piedra y  colmillos arbolados. Los focos se introduc√≠an en sus entra√Īas: laderas, barrancos y una variedad exuberante de √°rboles se iluminaban en blanco y negro, luz y sombra. De repente unos ojillos fluorescentes y picarones de un bermejo zorro, sorprendido en sus andanzas nocturnas, nos observaban desde la verde cuneta. Del asombro pas√≥ a la indiferencia; pues, como plato, no √©ramos de su gusto al ser carne enlatada, guarnecida de deslumbre y humos t√≥xicos. Nos oje√≥ con chuler√≠a, como si √©l fuera todo un se√Īor lobo de las tierras castellanas y nosotros unas vulgares codornices de granja. Se gir√≥ para mostrarnos su espl√©ndida cola pelirroja, peluda e inhiesta, y darnos un cl√°sico corte de mangas al estilo zorruno.
    Torla, saturada de coches, nos abr√≠a sus puertas para mostrar a Ordesa estrellado, con las luminarias de una noche de junio. En el aparcamiento de la Pradera, luci√©rnagas de pilas alcalinas pululaban inquietas con ansias de ruta. El frontal iluminaba unos torpes dedos, en lucha con un par de traviesos cordones de botas.
- ¬Ņ Te ayudo ?- me pregunt√≥ socarr√≥n Xabi, coreado por la risas de Tripu.
     La pista, encanecida por una noche ya moribunda, se urbaniz√≥, m√°s si cabe, en el desprop√≥sito de un camino humanizado; nos acercaba al despertar del r√≠o Arazas. El murmullo de la corriente acompasaba la marcha; sus suaves notas y el coro de trinos de las aves madrugadoras, orquestaban el preludio del nuevo d√≠a.  El amanecer rielaba en las cascadas con tr√©mulas luces de oro, reflejos de un sol primerizo que, t√≠mido y casi oculto, se intu√≠a por las copas del Bosque de Hayas. Ya, en terreno abierto, Soaso, vestido de verdes encantos, florec√≠a en azul, amarillo y violeta.  Multitud de hilos de agua plateaban las campas. El l√≠quido de la vida era generoso en Ordesa; tanto que parec√≠a un mar dispersado en mil formas de olas, separadas unas de otras, por islas de tierra y roca. El ganado pastaba indiferente a nuestro paso;  entre el reba√Īo sorprend√≠a una vaca de raza charolesa.
- ¬Ņ Os fij√°is en esa vaca ? ¬° Cara blanca, peluda, con el contorno de los ojos y el hocico en rosa y unas pesta√Īas enormes !¬° Se parece, en peque√Īa, a la Dracqueen del Carnaval de Tenerife ! ‚Äď exclam√© asombrado al recordar un reciente viaje en com√ļn.
- ¬° S√≠, s√≠ ... el t√≠pico modelo de dracqueen: bajita, gorda, vegetariana y m√°s de campo que las amapolas! ‚Äď ironiz√≥ Tripu -. ¬° Necesitas un buen caf√© cargado, con media gota de esta leche! ‚Äď se√Īal√≥ hacia la ubre.
- ¬° Puaff ... qu√© asco ! Peluda, de metro y medio, rechoncha ...¬° Si es clavadita pero con el disfraz de vaca ! ‚Äď asever√≥ Xabi, al mismo tiempo que gesticulaba con las manos.
- ¬° Anda, callaos, que sois como ni√Īos !- dijo Tripu, para encaminarse otra vez en ruta.
    El sendero ascend√≠a entre piedras esculpidas por el cincel de los a√Īos y el ingenio de pastores y lugare√Īos. El r√≠o saltaba de grada en grada, espumaba en
blanco su √≠mpetu viajero. Nuestros ojos, embobados con su belleza, se olvidaron por un instante del est√≥mago, voraz enemigo, que azuzaba a las tripas como perro rabioso; con la excusa  de aligerar carga, desayunamos, comimos y cenamos con el hambre de un agujero negro y la alegr√≠a de una boda gitana. Los ecos de tan op√≠paro casorio, enmudecieron el fragor de la cascada Cola de Caballo; nos dieron alas para superar las clavijas y volar, como el viento, hasta las campas del refugio.
     Goriz, amarillo, asemejaba un panal de dulce miel que atra√≠a a enjambres de humanizados insectos: z√°nganos al sol; obreras con pesadas mochilas; preciosas mariposas sonrientes con su pegajoso s√©quito de abejorros y moscardones, y alguna que otra mosca cojonera. Dejamos los sacos, la tienda ..., en fin, todo el peso que pudimos y, sin demora, nos alejamos de tan golosa tentaci√≥n. Ascend√≠amos como cometas, impulsados por la brisa de la aventura. La ingravidez  de la espalda se notaba en los pies. Hitos y metros en desnivel quedaban atr√°s, a flor de tierra;  peque√Īos obst√°culos, mano en roca  y Punta de las Escaleras, primer tresmil, cima acomplejada por un imponente Perdido, que, desde all√≠, parec√≠a una fortaleza rodeada de varias murallas.
- ¬° Cambia de cara, Javier, que ser√° m√°s f√°cil de lo que imaginas !- coment√≥ tranquilizador Tripu, buen adivino de pensamientos.
- ¬° Si lo digo por eso...!- ment√≠ a medias, al se√Īalar con el dedo la cercan√≠a de unas nubes en forma de yunque.
     Los hitos marcaban el rumbo; ya, m√°s estable, disfrutaba de la ascensi√≥n: apoyo de manos, peque√Īas trepadas; una chimenea cincelada en la pared, blanca y mayest√°tica como novia en la noche de bodas, invitaba, con su pose incitante, a poseerla. Mano y piedra notaban la querencia; estaba tan pegado a Tripu, que, mi cabeza, a la altura de su retaguardia de monta√Īero, peligraba de naufragar entre los efluvios hediondos de su popa, al poder soltar lastre; pues es de sentido com√ļn que nariz y fetidez, si van juntas, luchen como perro y gato. Detr√°s de m√≠, Xabi, m√°s listo y conocedor de la facilidad de fuga que padecemos los devoradores de alubias, dej√≥ que corriese el aire ... ¬° por si acaso ! No s√© si la tensi√≥n de la trepada o una pizca de compa√Īerismo, hizo que mi esf√≠nter estuviera tan apretado como el presupuesto gubernamental de medioambiente. Ya arriba, me relaj√© - ¬° no tanto !-. Y pens√© en la leyenda de Atland, ‚Äú El Viejo de la Cumbres ‚Äú, m√≠tico mago que, por orden de los dioses, construy√≥, en la cima del Perdido, un palacete para que sirviera de morada a un selecto grupo de humanos, en uni√≥n con los et√©reos seres del reino invisible: Tierra y Cielo,  amantes bajo la magia de las monta√Īas. El palacio y la cima gozaban del privilegio de materializarse y desaparecer en virtud de encantamientos.
     La cercan√≠a de la cumbre, al alcance de un par de pasos, agudizaba la curiosidad. Yo, pobre mortal, ignoraba las misteriosas palabras que pudieran descifrar el enigm√°tico hechizo, y mis ojos no percib√≠an tales maravillas ...A pie de cima, el v√©rtice geod√©sico, las piedras nacaradas de nieve, o las acrobacias de las chovas, bien pudieran ser dragones guardianes de una torre cil√≠ndrica, atalaya que espigaba de fastuosas almenas, ajedrezadas de blancas perlas y negras joyas.
     Un jir√≥n de luz, nacido de un cielo gris y el√©ctrico, abr√≠a una ventana a la imaginaci√≥n ... y ah√≠ apareci√≥ : el Palacio M√°gico, para√≠so humano, tangible y fugaz, en sincron√≠a con el et√©reo ed√©n de lo fant√°stico y ancestral. Los cinco elementos del mundo de los hombres presentes en el cuerpo del palacio: columnas de fuego con sus lenguas rusientes, en llamaradas azules, rojas, naranjas y amarillas. La fuerza ind√≥mita que, naciente de la Tierra, se desborda por la c√ļspide de las monta√Īas en r√≠o de lava. Muros opacos, trasl√ļcidos y cristalinos, construidos con el agua de los arroyos y de la nieve en deshielo; min√ļsculas gotas embebidas de la solidaridad de lo peque√Īo; hermanas de lluv√≠a, torrente, lago que, aunados en el compa√Īerismo, calan de dentro hacia fuera; cascadas de amor hacia el pr√≥jimo que rompen en salientes y barrancos, para dormir, pl√°cidamente, en la serenidad del valle. Techos adornados con nubes multiformes, arco iris, soles, lunas y estrellas; √°guilas de luz donde el esp√≠ritu montaraz aletea, con sus manos emplumadas, para asir cientos de astros;  atravesar el firmamento y tocar , con los sutiles dedos del alma, la Gran Cumbre. Desde all√≠, el aire flu√≠a en todas las direcciones. Pregonaba a los cuatro puntos cardinales su esencia de libertad, para impregnar, con su libre perfume, toda alma que rozara: en leve beso de suave brisa; en fuerte abrazo de apasionado viento; o en furia, salvaje y huracanada, que rompe cadenas y ataduras. Suelos decorados con las m√°s hermosas piedras preciosas; hijas de la constancia del tiempo y del tes√≥n de la Tierra;  solidificadas en la beldad de un mosaico de colores; sin aristas ni v√©rtices, pues todo era dulzura y armon√≠a, ya que el quinto elemento comandaba a todos: fuego, agua, aire y tierra rebosaban vida ...; chispas, gotas, soplo y polvo insuflados del aliento vital. Y √©ste, humano y sometido a las leyes del tiempo; regido por el alma, eterna luz emanada del  mundo sutil, como antorcha iluminadora de esp√≠ritu: Solidaridad, superaci√≥n, libertad, fuerza, tenacidad y compa√Īerismo, como dones de ofrenda, banderas de oraci√≥n en los espacios abiertos. √Ānima henchida de sentimientos y emociones, sublimados por el h√°lito ancestral; la mano que no se ve pero se siente, et√©rea e invisible m√°s firme y real. Cuerpo y √°nima bajo la protecci√≥n del  esp√≠ritu de las monta√Īas.
     Unos oscuros nubarrones absorbieron la luz; en un instante cegaron la visi√≥n; hu√©rfano de magia y desvalido por la desilusi√≥n, contempl√©, a√ļn aborregado, las siluetas en colorines de mis compa√Īeros.
- ¬Ņ Javier, te encuentras bien ? ‚Äď me pregunt√≥ Xabi.
- ¬° Si os lo cuento, no lo vais a creer ! ‚Äď contest√© despacio, al deletrear las palabras casi aturdido.
- ¬° De ti, cualquier cos ...!
- ¬° Mirad ! ‚Äď interrumpi√≥, bruscamente, Tripu, al mismo tiempo que se√Īalaba, con el dedo √≠ndice, hacia arriba.
      Un quebrantahuesos planeaba majestuoso sobre Monte Perdido; su pecho de fuego se agrandaba, a ojos vista, sobre nuestras cabezas; quiz√° fuera el mensajero que, desde el mundo de lo invisible, viniera a revelarme el hechizo, y, a lomo de sus alas, pudiera regresar al rec√≥ndito Palacio ...¬° Pero no ! Aquel rayo naranja, surgido como el ave f√©nix de una tormenta en ciernes; pas√≥ de largo, para dejarnos boquiabiertos, mientras acariciaba, con sus dedos de plumas, el cielo de Ordesa.
       Y as√≠ me qued√©, perdido en el monte, en busca de una leyenda tan oculta que no la encontraba; rodeado de oscuras nubes, negros caballos desbocados, que m√°s que relinchar, amagaban con dar coces.

                                          Javier Pastor


4 Comentarios
Enviado por Duque el Wednesday 26 de September de 2007

ďMoskis!! Esto huele a Bragatanga! :)Ē
Enviado por Lupus el Wednesday 26 de September de 2007

אּ S√≠, Xabi y Tripu, son dos compa√Īeros del grupo y web Bragatanga ...!Ē
Enviado por Duque el Wednesday 26 de September de 2007

ďJejeje!! ya te he visto por la pagina de ellos! Como colaborador oficial, todo un lujo! Es que no me cuadraba un relato del Xa2 y Tripu por aqui. Un saludo de los NERP ;)Ē
Enviado por Pemomo el Tuesday 6 de November de 2007

ďTe reconozco al principio: el maestro de la met√°fora y de los adjetivos.
Me sorprendes después:"...Goriz, amarillo, asemejaba un panal de dulce miel que atraía a enjambres de humanizados insectos: zánganos al sol; obreras con pesadas mochilas; preciosas mariposas sonrientes con su pegajoso séquito de abejorros y moscardones, y alguna que otra mosca cojonera..." Aquí lo bordas...y me haces reir.
Te reconozco al final: místico, profundo, viendo cosas que para ti son tangibles.
No, no defraudas. Espero la continuaci√≥n...Ē


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